Pequeño milagro canino

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Luna es una perrita muy activa y traviesa. Desde que la trajimos a casa nos hizo renegar casi igual o más que los niños. Son esas cositas que tienen los cachorritos, como voltear la basura y desparramarla, usar la casa de baño, robar comida de arriba de la mesa, dormir en las camas de los chicos, robarse las medias, zapatillas o ropa interior para jugar, etc.

Gabriel y Luna, tal para cualIntentamos educarla de muchas y variadas maneras, desde lo pedagógico, hasta el temor al cintazo o patadón, nada sirvió, Lunita seguía con su misión de portarse mal. Muchas veces estuvimos a punto de correrla de la casa, pero uno no puede deshacerse de alguien porque se porta mal, además, la perrita es la mascota de los chicos, con quienes juega y pelea todo el tiempo.

Entre tantas travesuras que se mandaba, le gustaba salirse a la calle, escapando entre los barrotes de las rejas del frente de la casa, se iba a dar una vuelta pero siempre volvía al rato. Cuando eso pasaba nosotros la dejábamos porque tratar de atraparla era al pedo, la muy sinvergüenza te esperaba agachada, mirándote fijo, casi sin moverse, pero en cuanto le ibas a poner la mano encima te hacía una finta y se escabullía hacia un costado, por entre las piernas o cualquier hueco que encontraba. Así que antes de pasar por tonto, mejor dejarla salir un rato y que regrese cuando se canse.

En una de esas estaba esa mañana de sábado, paseando por la vereda mientras los chicos, desde el otro lado de la reja la miraban, preocupados como siempre que se iba a la calle, cuando de repente escucho la horrible secuencia de frenada, golpe, grito de la perra y grito seguido de llanto de los niños. La perra había sido atropellada y los chiquitos vieron todo.

Salí corriendo, metí los niños adentro mientras Inés auxiliaba a la perra. Al instante el dueño del auto se bajó y junto con Inés y un ocasional transeunte la llevaron al veterinario. Pensé que la perra no volvía.

Me equivoqué. Luna volvió, con un diagnóstico muy feo: aparentemente tenía la columna fracturada y había que esperar 48 horas para ver su evolución. Pasó ese tiempo y Lunita permanecía echada, ni siquiera comía, no podía levantarse, apenas se apoyaba en las patas delanteras para estirar la cabeza. Lo único que nos daba cierta esperanza era que movía la colita cuando nos veía, no mucho, pero agitaba el rabo un poco cuando nos acercábamos.

Durante los días que siguieron, la llevamos al veterinario casi a diario, le hicieron una radiografía y nos confirmaron que tenía una seria lesión en la columna que le impedía caminar y, si no hacía sus necesidades, no quedaba otra opción que la eutanasia.

Era martes y el doctor nos dio una pastilla para cuatro días, pero si no hacía caca no teníamos otra opción porque podía enfermar por infecciones instestinales que le iban a provocar colapsos en los demás órganos y la perrita moriría con mucho sufrimiento. Podíamos tratar de estimularle con masajes y colocándola en posición anatómica, haciéndola tomar vaselina para que vaya de cuerpo, así que hicimos todo eso: le armamos un carrito con un camión de los niños mientras mi suegro le hacía uno definitivo, le dimos los remedios y le hicimos masajes. Ese mismo día ya tenía ganas de comer, pero sólo de mi mano, lo que aparentemente le estimuló el sistema digestivo porque a la noche ocurrió lo que esperábamos: se mandó una flor de cagada. Nunca un sorete de perro me puso tan contento, aunque estos eran mas bien plastas cremosas, por la vaselina.

Al otro día volvió a parecerse a la Luna que estábamos acostumbrados, comía a lo bestia, nos movía la cola como antes, empezó a dar unos pasitos con el carrito, estaba muy bien de semblante a comparación de los días anteriores.

El sábado, justo cuando se cumplía la semana, volvimos al veterinario, quien se sorprendió mucho al verla tan bien, le recetó unas vitaminas y le suspendió la vaselina para que no se deshidrate. Nos pidió que le llevemos el carrito que le hizo mi suegro para que él lo vea y nos pidió que sigamos con los masajes y la rehabilitación.

El sábado pasado, cuando se cumplieron dos semanas del accidente, Lunita estaba en la casa jugando con los chicos, corriendo en dos patas y arrastrando las traseras como hace siempre que no está en el carrito, peleando con los niños por los juguetes y ladrando para reclamar atención, en eso Inés se le acerca y la hace echar con la panza hacia arriba y vimos algo que me hizo mariconear, entre tanto jugueteo Luna movía, aunque poco, las patitas de atrás.

Ahora las mueve un poco más, no se puede parar, pero hace el intento y logra elevar el cuerpo y apoyarlo en las patas traseras. Todavía le resulta más fácil trasladarse arrastrando las patas traseras y la cola, pero ahora da como pequeños saltitos con la parte de atrás del cuerpo.

Vamos a seguir con la rehabilitación a ver si el pequeño milagro es completo.

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Publicado por Guty   @   12 febrero 2008 8 comentarios

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