Desabastecimiento: mi niño quiere comer

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¿Lacteos?Creo que en algún post comenté sobre aquella vez que fuimos a la sucursal de Wall Mart riojana (acá se llama Chango Más, no me pregunten por qué) y mientras una promotora me quería encajar la MasterCard de la cadena de hipermercados, Ezequiel se me acerca y, señalándo un juego para PC, me dice “Papi, ese juego quiero que me bajés de internet”. No se imaginan la cantidad de tonalidades por las que pasó mi cara mientras le decía, “sí, sí, andá para allá con mamá”, la mujer se reía y yo me moría de vergüenza, no sé por qué, si al final el niño me pedía un juego que puede conseguir en unas horas de conexión sin tener que pagar el costo del original, práctica que en mi casa es desconocida…(O RLY?).Carnicería

En fín, con mi querido pequeño mayor nunca se está a salvo, por ejemplo el miércoles, mientras hacíamos las compras de rigor de principio de mes. Todo el mundo notaba lo fuerte que pegó el desabastecimiento en una ciudad donde no se produce y todo lo que se consume viene de afuera (salvo uvas y aceitunas), yo me puse a sacar las fotos que acompañan el post mientras cargaba el carrito con sucedaneos para la carne, verduras, pastas, fiambres, etc. Inés estaba peleando con un par de viejas por el último paquete de salchichas mientras Gabriel pedía que le compre danonino, algo difícil en un supermercado donde la sección de lácteos sólo podía identificarse por el cartelito, porque de productos nada, pero nada de nada.

No entiendo de qué son los precios Al rato nos juntamos con Inés, que había perdido la batalla por las salchichas pero ganado la de la manteca y el papel higiénico, y comentamos sobre el vaciamiento que había en el lugar y que si no se levantaba el paro, la gente iba a tener que modificar sus hábitos alimentarios de manera drástica o morir de hambre. Ezequiel, que siempre tiene una tercera oreja para escuchar lo que no debe, nos estuvo atendiendo y ante un comentario sobre la escasez de fiambres (chistes aparte), empezó a decir en tono melodramático con su voz chillona y siempre subida de decibeles “me muero de hambre, me muero de hambre”, no porque sea cierto, sino para hacerse el gracioso. Obvio que todo el mundo lo escuchó y la gente que estaba cerca se reía y nos miraba con complicidad, como si uno hubiese entrenado al niño para el arte dramático. Por suerte ya se levantó el paro, al menos durante un mes vamos a tener mercadería en los supermercados.

Más (o menos) fiambresEn fín, los niños son lo mejor que le puede pasar a uno, aunque hay que tener mucha paciencia y poca vergüenza, algo que a mi me tocó en cantidades inversas.

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Publicado por Guty   @   3 abril 2008 11 comentarios

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