Mi otro trabajo

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La docencia tiene esas cosas que no da ningún otro tipo de actividad, profesión u oficio. Produce efectos directos sobre la comunidad, su fín mismo es social, y por ende, quienes se desempeñan en tareas docentes deben someterse al roce constante con los demás miembros de la comunidad (no sólo educativa), llámense padres (familia), colegas, alumnos, directivos.

A muchos nos gustan las actividades más bien solitarias o de grupos pequeños, sin ir más lejos mi profesión de informático, y en particular mi especialidad de sysadmin, me resultan más gratificantes en lo cotidiano. El día a día, encerrado en la oficina, sin atender al público, compartiendo el tiempo de trabajo con mis compañeros más cercanos, es algo que me gusta, digamos que soy un ratón de laboratorio, lo cual no significa que sea socialmente inadaptado, sólo en mi actividad laboral.

Pero a lo que iba, antes de salirme por las ramas, es a las gratificaciones y los reniegos que uno recibe en toda actividad que desempeñe. En este punto, la docencia le saca mucha luz a las demás.

Ejemplos tengo innumerables, como la alumna que dejó de ir a clases durante dos meses porque estaba tratándose de leucemia y sus compañeros, todos humildes hacían ferias y rifas para ayudarla. O los chicos que me invitan a jugar al fútbol o al padel con ellos, aún cuando les doblo en edad, o los que me quieren llevar a Bariloche, usando uno de los “liberados” de cada diez. Desde que soy docente, tuve varias alumnas mamás y embarazadas, pero recuerdo particularmente a una con la que hablábamos mucho del embarazo (por esa época yo acababa de ser papá por segunda vez), de las cosas lindas y las responsabilidades, y un día dejó de ir; volvió a las dos semanas y me contó, al borde las lágrimas, que su bebé se había muerto. También tuve alumnos que trabajaban, pero laburaban en serio, algunos vendiendo café o el diario desde la madrugada, otros como ayudantes de albañil, o sea, niños que la pelean desde los catorce o quince, con las manos curtidas, que se dormían en clases.

Uno tiene un deber como profe, y en mi caso es enseñarles informática, aunque también hay que ser realista y saber que existen cosas mucho, pero mucho más importates, que a ellos les ayudarán mucho más en la vida que aprender a manejar un paquete de ofimática, ahí es donde entra la persona más allá del docente.

Lo bueno es que uno siempre aprende y descubre cosas nuevas en la escuela, esté en el pupitre o en escritorio, y, aunque en mi caso no lo haga por vocación, este tipo de cosas son las que, realmente, me llevan a continuar al frente del aula.

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Publicado por Guty   @   28 mayo 2008 11 comentarios

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