Manual, mecánico y automatizado

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Que loca resulta la imagen del escritor moderno, cuyas musas lo han abandonado, frente a la pantalla en blanco, en contraste con la antigua del mismo tipo con la pluma y el trozo de árbol muerto semienrollado sobre el escritorio.

De todos modos me parece mucho más romántica la foto del bloqueo literario de aquel que se valía (algunos todavía lo hacen) del medio mecánico, más conocido como máquina de escribir.

Y es que así como en la escritura pasamos de la tecnología manual a la mecánica y de ella a la semiautomática (o completamente automatizada en ciertos aspectos), también la evolución tecnológica nos arrastra y eleva al pináculo de la vagancia.

Y cito un par de ejemplos clásicos con los que suelo ilustrar a mis alumnos:

  • Los antiguos agrícolas se las veían negras para llevar el agua a sus parcelas, tenían que cargar con recipientes repletos de líquido (que pesan como la “#$%) o bien desviar el cauce normal de ríos o arroyos. Hasta hace algunos años, o décadas, una de las maneras de regar los campos era turnarse para abrir o cerrar (según corresponda) pequeñas compuertas en las acequias, que permitían o restringían el paso del agua por canales preestablecidos. Así todos los que estaban ligados a un mismo canal de riego lo usaban por turno. Hasta que el agua se entubó, es decir, se pasó por los caños. Ahí es más o menos como en cualquier casa: llega el agua y uno la usa como quiera, para ello hay dispositivos mecánicos (grifos, mangueras, bombas) que ayudan a la distribución. Actualmente existen las mil y una alternativas para el riego, desde el riego por goteo, el programado, los aspersores sincronizados por computadora, etc.
  • En la época de la colonia en las calles ya existían los pungas, así que todos apreciaban la noble tarea de un señor encargado de velar por la seguridad de los demás, o al menos de darles luz a los ladris: el farolero. Gracias un tal Edison, las calles dejaron de depender de faroles a vela o mechero y se iluminaron con lámparas de filamento incandescente, que brillan mucho más y nadie tiene que estar trepando a prenderlas y apagarlas (aunque hay que cambiarlas cuando se queman) ya que puede hacerlo desde un control central a mucha distancia, todo gracias a la electricidad conducida por los cables. Pero hoy ni siquiera hace falta eso, sinó que los sistemas se encienden y apagan solos de acuerdo a la señal recibida por fotocélulas (que me corrijan si tienen otro nombre).
  • El lavado de ropa: en un principio doña Vilma iba al río a frotar las pieles de osos contra las rocas para quitarle las manchas y el mal olor que le dejaba don Pedro Picapiedras. Luego Lucy le rompió los kinotos a Ricky para que le compre ese moderno aparato que lavaba las prendas por ella, quien sólo debía enjuagar y poner al sol para que se seque. Actualmente Marcelo mete sus calzones, medias y camisetas de fútbol en un cubo blanco, aprieta un par de botones y se va a laburar mientras Sonia mira TV y chatea con sus amistades, total sabe que al regresar su ropa estará limpia, desteñida y seca. Todo automático.

Seguramente ustedes tendrán más y mejores ejemplos, lo cierto es la vida de hoy es mucho más simple, liviana y llena de artilugios para darnos más tiempo libre, lo cual me lleva a preguntarme ¿por qué carajo el día me rinde menos y termino más cansado que antes?

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Publicado por Guty   @   7 agosto 2008 17 comentarios

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