Head and fungus

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Hay enfermedades que me persiguen. Muchas veces antes les hablé de los resfríos y creo haberles mencionado también mi predisposición genética hacia los hongos y micosis.

Algún memorioso que me conozca desde hace unos años, recordará un ataque de pie de atleta que sufrí un verano. Fue algo realmente feo y doloroso, tuvieron que medicarme oralmente porque las cremas no hacían efecto sobre las colonias de bichos que se instalaron entre mis patas.

El dolor es tan fuerte y la molestia tan grande que me prometí que jamás dejaría de prestarle atención a la picazón o ronchitas de mis pies, aún cuando no tenga certeza de que sean producto de los hongos.

Claro que ese tipo de enfermedades no sólo se dan en los pies, existen muchas variedades de hongos, entre ellos la caspa, de la cual, obviamente, tampoco podía salvarme.

Creo que siempre tuve caspa, más o menos desde que tengo cabello, o quizás antes. Tuve períodos de muchas escamaciones capilares y otros de menos, pero no fue sino hasta que estuve grandecito que le empecé a prestar atención. Ahí probé algún shampoo contra la caspa y tuve suerte de que el mismo sea efectivo.

Luego fui probando otros tratando de lograr el equilibrio entre el control de la caspa y el cuidado del cabello, porque los que mejor funcionaban contra los hongos me dejaban el pelo como alambre, en tanto que los más cuidadosos con el cabello no le hacían ni cosquillas a la caspa.

La mayor descripción fue con uno de los más promocionados y que te lo encajan tanto por tv, como hasta en las publicidades de adsense, el conocidísimo cabeza y hombros. Ese sí que es un shampoo para la caspa, porque, contrariamente a lo que cualquiera podría suponer, ese producto no está diseñado para combatir al flagelo del cuero cabelludo sino todo lo opuesto, lo favorece, y en gran medida.

O sea, es un shampoo para tener caspa, en caso que no la tengas, o para desprenderte la piel del craneo si es que ya sufrías del hongo capilar, como yo.

Suerte que siempre existirán confiables shampoos contra la caspa, cuyas fórmulas contienen, entre otros elementos, ketokonazol, una de las drogas que me han salvado los pies, y a cuyo inventor le debo un monumento.

Eso sí, que no te entre en los ojos porque te derrite la retina.

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Publicado por Guty   @   27 febrero 2009 13 comentarios
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