Simulacro de sábado

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El sábado por la siesta, luego de comer un par de enormes platos de locro en lo de mi mamá, Inés acusó dolores en la panza, contracciones en lenguaje pre parto. Pensamos que todo se debía al atracón así que no le restamos importancia, bah, ella porque yo estaba que me comía los codos.

Le dije que llamara a la doctora que la atiende para consultarle, pero, como siempre, se hizo la dura y minimizó la situación.

La molestia se le pasó un rato pero a la tarde le volvió y no se cortaba. Finalmente decidió llamar a su ginecóloga quien le dijo que tomase una medicación y que si no se le pasaban las contracciones que fuera para la clínica para que la revisen.

Así fue que el sábado tuve que rajar en el auto a comprar un remedio cuyo nombre parece estar escrito en quenya; lo dije mal y la farmacéutica se me reía, aunque adivinó qué era lo que necesitaba al explicarle que era para una embarazada.

Al rato nomás nos fuimos a la clínica para que la doctora de guardia nos atienda y revise a Inés en los minutitos libres que tenía entre partos y cesáreas de urgencia (pobres enfermeras y médicos de guardia, como les cagan los sábados los enfermos).

La revisó la primera vez y notó que no había dilatación ni que tampoco la bebé esté empujando, así que no había amenaza de parto prematuro, a pesar que las contracciones continuaban, aunque más leves que antes.

Nos pidió que nos quedemos un rato y como a la hora volvió a controlarla, notando que las contracciones eran leves y mucho más espaciadas, de todos modos le hizo inyectar el mismo medicamento que habíamos comprado (en comprimidos) para que le haga efecto más rápido. La enfermera le puso la inyección y tuvimos que esperar un rato más.

Mientras aguardábamos a la doctora yo iba twitteando lo que pasaba y escuchábamos los llantos de los nuevos riojanitos que llegaban al mundo en medio de la noche.

Ya con la tercera revisión, la doctora nos dijo que no había ningún riesgo, que podíamos ir a casa, que Inés tome el medicamento, eso le va a hacer desaparecer las contracciones paulatinamente, pero que tiene que descansar, hacer reposo (no abosoluto), no esforzarse ni caminar mucho.

Recién el próximo lunes tenemos turno de control con su doctora, así que hasta entonces, por lo menos, tendré que ser la María de la casa, eso significa cuidar a Inés, cocinar, lavar, llevar y traer a los enanos de la escuela, bañarlos y cagarlos a pedo; y por supuesto, trabajar en los momentos libres.

Así que no se aflijan si me ven con ruleros, delantal y plumero en mano, no me volví puto (aunque no sé si sería preferible), es mi atuendo de amo de casa.

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Publicado por Guty   @   3 junio 2009 7 comentarios
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