Cada vez nos sorprende menos, con los días los casos se suceden con mayor frecuencia y hasta los más conservadores deberán admitir, de una vez por todas, que los tiempos han cambiado. Lo que hace años se ocultaba hoy se grita y luce con orgullo, y aquello que se marginaba hasta hace poco, ahora se iguala, o intenta, con respecto al resto.
Porque la homosexualidad no es una enfermedad, como algunos piensan y quieren que el resto también lo crea, tampoco es una desviación de la conducta, lo “normal” es apenas una percepción cimentada por el número que da la mayoría, es como decir que lo normal es ser católico y todos aquellos que no comulgamos con sus creencias estamos enfermos.
La sexualidad, tanto como la religión, política, y las preferencias artísticas o laborales, es una cuestión de elección personal, una decisión que puede ser única o variar a lo largo de la vida, del mismo modo en que la gran mayoría de los ateos fuimos creyentes alguna vez o muchos de los representantes de un partido político militaron en otro bando. Y está bien, el cambio es inherente a la condición humana aunque nos cueste aceptarlo, y cambiar de opinión en cualquier ámbito es algo bastante común, pobre de aquel que no pueda, ni quiera, modificar su forma de pensar aún cuando la evidencia le demuestre que está equivocado, eso se llama fanatismo y es muy peligroso, ejemplos hay de sobra.
No sé como tomaría que alguno de mis hijos prefiera como pareja a alguien de su mismo sexo, no es lo que espero de ellos, como tampoco me gustaría que me salgan hinchas de Boca o Ford, pero lo que seguro no haría es reprenderlos por su elección, que es personal, porque no es esa la formación ni el trato que recibí de chico. Por ejemplo, cuando le plantee a mi mamá, muy religiosa (católica pero mal), que no podía tragarme la pildora del cristianismo y su mitología, seguramente a ella no le gustó para nada mi posición respecto a la religión, pero no por eso me cerró la puerta de su casa o se avergonzó de mi.
Yo creo que hay que ser muy valiente para asumir y aceptarse diferente en una sociedad que aún no está lo suficientemente madura ni abierta para dejar que cada cual haga tome sus decisiones. No se es más o menos hombre porque te gusten las minas o los tipos, es más hombre quien tiene el coraje suficiente de plantarse frente al resto y mostrarse tal cual es.
Como decía más arriba, la sociedad argentina aún no está preparada para aceptarnos a todos, pero afortunadamente estamos madurando.
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Guty, quiero aclarar algo, desde mi punto de vista y mi experiencia personal. No comparto el uso que le das (Vos en este texto y mucha gente) a la palabra elección. Hay cosas que no se eligen, las creencias religiosas, las preferencias artísticas y laborales, y, por supuesto, la sexualidad.
Vos seguramente no elegiste no creer en el catolicismo. Seguramente con el tiempo fuiste formandote ideas y razonamientos que te hicieron dar cuenta que no es lo que vos creés. Lo que sí decidiste y elegiste es hablar con tu vieja, aclarar el asunto, y dejar de, por ejemplo, ir a misa los domingos, para dedicarte a algo que te llene más espiritualmente, aunque sea dormir.
La sexualidad no se elige. A nadie le dan dos caminos y decide cuál tomar. Los sentimientos no se eligen. Lo que sí se elige es aceptar las diferencias, y enfrentar a quien sea necesario con la idea de ser feliz, y disfrutar con lo que a uno le gusta.
Puedo estar de acuerdo que haya cosas (Como preferencias artísticas o laborales) influídas por terceros, por la familia o por la educación, pero sigue sin considerarse una elección.
No es un reproche, ni mucho menos, es simplemente lo que creo yo con respecto al uso de la palabra “elección” referida a la orientación sexual.
En cuanto al tema social, aceptación, matrimonio, iglesia y sarasas varias, no me caliento en opinar. Yo vivo mi vida sin hacerle mal a nadie, y, en todo caso, charlo con mis amigos más directos con los que vale la pena discutir una idea en serio. Estoy totalmente en contra de la idea de hacerme mala sangre por un grupo de giles que opina en televisión.
Saludos
@Halle
Me encanta que comentes y aclares tu parecer. Lo que quise decir con elección es que cada cual puede tomar su camino con las opciones y herramientas que tiene a su disposición. Hay veces en que las elecciones están muy influenciadas o se realizan directamente bajo presión.
A mi me parece que en el caso de la sexualidad sí hay elecciones presentes, podés elegir hacer lo que sentís o simular y seguir a la corriente.
Bien, digamos que eso es lo que dije, podés elegir hacer lo que sentís o no. Pero no podés elegir lo que sentís. Quiero que eso quede claro. Prefiero aclarar eso siempre que leo “elección sexual”, porque hay gente que realmente cree que la sexualidad se elige.
Dalgrev, está bueno debatir esto entre personas razonables y un poco mas abiertas que las que se ven en la tv quejándose de los gays y sus movimientos.
BTW gracias por la mención!
Halle, bien ahi aclarando los tantos!
[...] Por todo lo que dije el otro día: [...]