Espero no desviarme de mi objetivo como la última vez, que terminé hablando de caballos y sillas de montar; y ahora sí comentarles sobre una de las razones por las que me decidí a comprar un lector de ebooks, aparte de lo obvio como la comodidad y la duración de la batería.
Siendo lector de un tipo de literatura no muy tradicional como lo son la ciencia ficción, fantasía y terror, siempre me costó mucho encontrar libros para comprar, salvo los clásicos o los de reciente publicación de estos géneros. Y ni hablar si se trata de un autor no muy conocido por el mainstream.
Durante los ochenta, en Argentina se editaban muchísimos libros de ciencia ficción y fantasía, pero luego las editoriales en español decidieron mudarse y acá nos llega todo desde España o México, incluso Minotauro, que es una de las editoriales míticas de este tipo, nacida en Argentina, edita todo en España y nos manda de a poco para este lado del charco. Desaparecieron las grandes colecciones como la de Hyspamerica, la tradicional de los libros azules, y así nos fuimos quedando sin mucho para elegir.
En mis años de lector voraz, me convertí en una especie de Indiana Jones de libros, buscando en casas de usados, comprando mucho de segunda (o tercera) mano, tanto que con unos amigos (todos de Buenos Aires) compramos la colección completa de Hyspamerica y nos lo repartimos, tocándonos unos 20 libros (más o menos) a cada uno que fueron a engrosar mi biblioteca, otros los tengo por la generosidad de un amigo español que tenía duplicados varios títulos y antes de venderlos o tirarlos por ahí, prefirió regalármelos, con envío incluido. La mitad de mis libros de CF&F son usuados, tengo algunos descatalogados, que ya no se imprimen, del siglo pasado, que tienen más del doble de mi edad y no podría conseguir en ningún local de Temátika (Yenny-El Ateneo) o Cúspide.
Lo cierto es que así y todo hay muchos títulos que me quedé con ganas de leer porque no había manera de conseguirlos, salvo comprando en España en euros, rogando que lleguen y que aduana no me cobre un ojo de la cara por un par de libros; otra opción era adquirirlos en Inglés, pero con el mismo inconveniente anterior, el precio y la aduana. Al final, un libro que cuesta $40 lo termino pagando como $100 entre el envío y los impuestos, y eso para títulos medio pelo, ni hablar de libros nuevos o sagas de varios volúmenes.
Un ejemplo: siempre quise leer la saga “Canción de hielo y de fuego” de George R. R. Martin, cuyo primer volumen es Juego de Tronos, pero ni pensar en conseguirlo por acá; en España lo tienen pero por alguna razón no llega a Argentina. Con la aparición de la serie de TV de HBO, pensé que saldrían las reediciones, como suele suceder, pero no, nada por estos lados, salvo que quieran gastarse medio sueldo. Entonces me fijo en Amazon y están los libros a u$s 9 cada uno, listos para comprar y descargar, sin demoras ni gastos de envío.
Confieso que al final no los compré porque encontré un link donde lo tenían en español y gratarola, pero no era eso a lo que iba, creo que se entiende la idea de que el ebook, lejos de reemplazar al libro en papel, es una excelente opción cuando este es imposible de conseguir.
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