Las herencias son algo extraño, uno puede recibir diversos tipos de legados y no darse cuenta hasta pasado mucho tiempo.
Mi viejo falleció cuando yo tenía seis años, dejándonos a mi mamá y a mi con lo poco que había podido conseguir durante los siete años de matrimonio y una pensión por haber caído en Malvinas.
Sin embargo, hay cosas de él que aún conservamos y de las que no pienso desprenderme: su gorra de uniforme, un pulover que mi mamá le tejió y que yo usé durante varios años (ahora lo tengo guardado para no arruinarlo), varias fotos y un puñado de libros, algunos en español y otros en inglés. Además de los honores póstumos que recibió, como medallas, condecoraciones, certificados, y el sable de mando. Este último es una réplica del que mi viejo tenía como parte de su uniforme de gala, porque el suyo se fue con él.
Pero a lo que iba es a los libros.
Desde chiquito, mis viejos me incentivaron para que aprenda mucho y rápido, ilusionados, tal vez, con que su niño sea una luminaria del conocimiento. Nada de presión ni saltar etapas (frase horrible, si las hay), solo estímulo intelectual. Así fue que a los cinco leía algunas palabras, había aprendido a jugar al ajedrez, me pasaba muchas horas al lado de mi mamá (porque mi papá vivía de viaje) dibujando y garabateando en un cuaderno o haciéndola que me lea todas las revistas y libros que tenía al alcance. Decí que mis viejos solo tuvieron un hijo, porque darle bola a varios así de hinchapelotas hubiese sido un calvario.
La cosa es que de grande siempre seguí leyendo, me gusta la lectura de casi cualquier tipo, y así fue que un día, hurgando cajas y muebles en lo de mi mamá, encontré algunos libros viejos. Le pregunté por ellos y mi mamá me dijo que eran de mi papá, que ella los guardó así como los encontró entre sus cosas, que si los quería que me los lleve. Obvio que los agarré y ahora ocupan un lugar importante en mi biblioteca.
Cuando los tuve en mi poder, comencé a leerlos y a ver de qué se trataban, y la verdad que me sorprendí leyendo más de lo mismo que siempre me había gustado leer por mi cuenta, porque a mi vieja la ciencia ficción y la fantasía no le cuadran ni medio. Entre los libros de mi papá se encontraban “Las mejores leyendas mitológicas”, una colección de historias mitológicas que abarcan casi todos los pueblos de la antigüedad; y “Ayesha, el retorno de Ella” de H. Rider Haggard, el autor de varias novelas de aventuras fantásticas, como “Las minas del Rey Salomón” y “Allan Quatermain“.
La verdad que yo ni sabía de las preferencias literarias de mi padre, mi mamá nunca me habló de eso hasta que le pregunté y me contó que sí, que a él le gustaban esas aventuras e historias de dioses y guerreros, lo que me llenó de alegría porque podía reconocer una parte de mi papá en mi, más allá de lo físico.
Hace mucho, les contaba, en este u otro blog, que una de las cosas que más me enorgullecen y estimulan mi ego es que me digan que me parezco a mi papá. Será que lo tuve poco tiempo, pero cada persona que lo conoció y me cuenta algo de él, coincide en que era buen tipo ante todo, muy respetuoso y de conducta intachable, algo que trato de emular sin mucho éxito.
Como también lo dije alguna vez, ser padre le dio otra visión a todo. Puedo reconocerme en algunas actitudes, expresiones y gestos de mis hijos. Espero que ellos alguna vez se enorgullezcan de su herencia intangible.
Excelente simplemente me dejas sin palabras…
Me hiciste acordar al articulo Educando al Extraño de la Orsai 2.
Definitivamente los gustos literarios de los padres, de una forma u otra, más o menos profundamente, siempre tienen que ver con el desarrollo de las preferencias literarias de uno.
Saludos desde Bariloche Ceniciento
Tal cual, uno nunca sabe que les pueden dejar en herencia. Que bueno que a pesar de no tenerlo a tu viejo, seas el reflejo de él. Eso demuestra cuanto lo quería tu madre y cuanto te enseñaron. Que bueno también que compartas los gustos. Sabe que eso mismo que hoy te ocurre le puede pasar a tus hijos cuando crezcan. Tenelo presente a la hora de ser ejemplo para ellos.
Igual, alguna herencia tangible les voy a dejar…como las deudas, ponele.
Guty,
Tenés esa capacidad de pasar del sentimentalismo al humor sin escalas que me sorprende.
A mi supongo que me dejarán las deudas y un par de revistas de chimentos pero es un lindo ejemplo para los (posibles) futuros hijos. Te banco.
Abrazo grande!