El deporte de mis niños

Nunca fui bueno para el fútbol, es más, soy asquerosamente malo, al básquet aprendí a jugar a los 19 años y tampoco era muy bueno, en lo único que logré defenderme un poquito fue en el tenis (apenas), aunque mi deporte es el padel, por algo lo practico desde hace tanto tiempo.

Hasta que descubrí el padel, a los quince años, mi vida deportiva era casi inexistente, salvo karate-do (que no lo practicaba como deporte sino más bien por su contenido “filosófico”), que hice durante tres o cuatro años desde los doce, los deportes no eran lo mío, no porque no me gusten sino que nunca fui bueno en ellos, a pesar que siempre me mantuve activo. Practiqué de todo, desde gimnasia deportiva (no se rían) hasta baseball (en serio, no se rían) y siempre disfruté de ver actividades deportivas en vivo o por televisión, si hasta me ponía a ver los partidos del barrio que se armaban en la cancha frente a la casa de mi mamá (donde hoy hay un enorme supermercado).

Mis hijos me conocieron con la paleta en la mano así que desde chiquitos están acostumbrados a que el deporte es parte de la vida cotidiana, ya sea practicándolo o viendo como lo practican los demás. Pero el padel no parece despertar mucho interés en ninguno de los enanos, si nos ponemos a jugar los dos se prenden pero no se les ve demasiado interés, en cambio, sí les gustan otros deportes.

Cuando eran más chicos los mandé un tiempo a karate porque Eze quería ir y Gabi se prende en todo lo que haga su hermano, lo hacían bien pero parece que terminó aburriéndolos, luego hicieron natación, donde mi niño mayor logró sorprenderme por la facilidad con que aprendió a nadar en poco tiempo, Gabi siempre se quejaba que le hacía frío 🙂

Llegó el invierno y los enanos dejaron la pileta para dedicarse a otras actividades, ahora Ezequiel juega al fútbol y Gabriel al básquet.

Lo de Eze es más terapéutico que otra cosa, lo ayuda a relacionarse con otros niños, a establecer vínculos fuera de la escuela y a jugar en equipo, le gusta mucho jugar al fútbol aunque yo no lo veo muy hábil con la pelota, ni es de los que ponen garra como para compensar, pero al menos se anima a jugar y siempre lo buscan cuando hay partidos. Empezó jugando de defensor (de lateral derecho o bien segundo marcador) y ahora el profe lo está probando arriba, abierto a la derecha. A mi me gustaba más como jugaba atrás, pero Ezequiel dice que le gusta más adelante.

Gabriel es un caso aparte, un día dijo que quería ir a básquet y lo llevamos, agarró la pelota y se transformó: es un enano inquieto, va de un lado al otro de la cancha, presiona constantemente, marca, mete tapas a niños más grandes que él, tira con más puntería de la que yo jamás tuve y siempre juega en equipo. A pesar de ser bastante bajito y flaco, es de los que más meten, al borde de la falta.

Ambos han competido en karate, fútbol y básquet para medir fuerzas con otros equipos y su desempeño fue bastante bueno, cosa que a mi me faltó de chico, recién competí en serio cuando de adolescente empezaba a jugar al padel y la verdad que está bueno, uno conoce gente, se hace del ambiente y aprende a manejar la euforia y la frustración que vienen con los resultados.

Si hay algo que me gusta de los profes que les enseñan a mis niños es precisamente eso, los tratan bien, con seriedad pero sabiendo que están formando, deportivamente, a personas que en el futuro reflejarán lo que aprendan hoy.

Y es que el deporte a esa edad se trata de eso, de divertirse, jugar, aprender a compartir, ser respetuoso en la victoria y digno en la derrota, al fin de cuentas en la vida, como en la cancha, se gana casi tanto como se pierde y un empate de visitante es un buen resultado (?)

 

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