Ciencia ficción y sociedad

No es ningún secreto que me encanta la ciencia ficción y sus géneros hermanos como fantasía y terror. Tengo una cantidad importante de libros de los tres y cada vez que puedo me compro más, algunos están a la espera de su turno de ser leídos porque suelo comprar compulsivamente más de lo que puedo leer, por lo que nunca me quedo sin lecturas.

Como decía, he leído bastante ciencia ficción, me vi muchísimas películas y buena parte de las series del género que andan dando vueltas, la verdad que me fascina y cada vez que veo que alguien habla sobre el tema me prendo y tengo que dar mi opinión.

Justamente, leyendo este post de Gabriel y esta nota en Wired, me puse a pensar sobre lo que la “gente común” piensa de la ciencia ficción, a qué consideran ciencia ficción y cómo la distinguen de los otros géneros y me encuentro con que hay muchos que confunden términos o desconocen completamente sobre el asunto.

Y es que la ciencia ficción es muy amplia y toca infinidad de temas, siendo necesaria dividirla en varios subgéneros que van desde la historia alternativa, sin grandes cambios tecnológicos ni seres extraños, conocido como ucronía, hasta las aventuras espaciales con imperios galácitos repletos de bichos raros, naves que viajan más rápido que la luz.

No voy a ponerme a contar sobre la diferencia entre subgéneros y cómo distinguir la ciencia ficción de la fantasía porque eso es algo que ya hice hace tiempo, pero sí quiero hacer alguna observación sobre lo de Arkhos y Wired.

Como dice Gabriel en su post, la ciencia ficción nos invita a soñar, siempre sobre lo posible o al menos no tan descabellado, nos obliga a preguntarnos constantemente. Una pregunta clásica es “qué pasaría si…?”, sobre la cual la ciencia ficción ha ensayado miles de respuestas y variantes en cuanto situaciones, momentos y lugares. En las ucronías se intenta responder a una variación de la pregunta, que en este caso sería “qué hubiese pasado si…?” la segunda guerra mundial hubiese terminado de otra manera, como en “El hombre en el castillo” de Philip K. Dick.

Ni hablar de “qué pasaría si nos encontramos con otra civilización inteligente?”, pregunta esta que tiene innumerables respuestas en el campo de la ciencia ficción, desde “Cita con rama” o “2001 odisea espacial” de Clarke hasta “Contacto” de Sagan, hay de todo y cada cual puede imaginar su propia versión porque, la exigencia de que algo sea “posible” no es un limitante, sino una invitación al desarrollo de una historia plausible, de un entorno que determine los acontecimientos, eso es soñar.

En cuanto a la nota sobre cyberpunk, estoy de acuerdo en que sirvió para inyectarle algo de aire fresco luego de la decadencia, al menos literaria, que le tocó desde mediados de los ochenta y mucho más dura en los noventa, cuando muchas publicaciones dejaron de aparecer y los autores se orientaron hacia otros géneros. No obstante, y esto es una apreciación personal, no creo que el cyberpunk haya inventado ni desarrollado la crítica social como tal. Las corporaciones y gobiernos totalitarios, controladores de la vida del ciudadano ya aparecían en obras mucho más viejas y que son clásicos de la ciencia ficción y el mainstream, como Fahrenheit 451 (Bradbury) o Un Mundo Feliz (Aldous Huxley).

Tampoco los ochenta fueron el nacimiento del cyberpunk, ni Gibson o Sterling sus creadores; de hecho, hay quienes consideran a Alfred Bester como el pionero del movimiento, con obras como Computer Connection o Las estrellas mi destino (Tigre, tigre).

Es verdad que su mayor desarrollo se vio entre los ochenta-noventa y con los autores mencionados, pero lo veo más como una  consecuencia del momento, de modo similar a lo que pasó con la new wave, impulsada por autores como Aldiss, Ballard o Zelazny, entre los sesenta y setenta; era lo que se estaba viviendo o lo que se venía y la literatura no podía quedar exenta.

A lo que voy, respecto a lo de Wired es que la ciencia ficción siempre fue social. Las buenas historias del género se destacan por mostrar las bondades, o no tanto, de las sociedades imaginadas por el autor, con sus avances (o retrocesos) de todo tipo: tecnológicos, filosóficos, religiosos. Una novedad tecnológica se muestra como parte del entorno, sin prestarle demasiada atención, como un medio para contar la historia, que por lo general trata sobre los mismos dilemas que tenemos todos: vida, muerte, amor, poder, dinero…

Pero ya sea cyberpunk, ciencia ficción dura o space opera, hay algo común en todo tipo de ciencia ficción y es el componente sociológico, los mundos distintos o similares al que estamos acostumbrados y cómo se desarrolla la sociedad en ellos, el modo en que las diferencias tecnológicas o ambientales influyen y obligan a adaptarse a los individuos, expuestos de manera natural. Por ejemplo, a nadie parece sorprenderle la existencia de robots en las novelas de Asimov, donde estos seres electrónicos son mostrados como parte del paisaje, al igual que ahora lo sería un perro o cualquier otra mascota; o en “La Luna es una cruel amante” de Heinlein, donde los habitantes del satélite están tan acostumbrados a vivir con baja gravedad que necesitan una preparación especial para poder visitar la Tierra sin romperse todos los huesos.

Actualmente, la ciencia ficción está llena de nuevas historias que remiten a la edad de oro por el componente imaginativo, mucho steampunk y un nuevo subgénero conocido como “postcyberpunk” del que no sé mucho pero parece ser la nueva moda.

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9 comentarios en “Ciencia ficción y sociedad”

  1. Pingback: Bitacoras.com
    1. Yo también soy de leer autores de los viejos, de los que ya son fiambre desde hace rato, no obstante, algunos que todavía viven y tienen buen material serían Iain Banks, Steven Gould y los mencionados William Gibson y Bruce Sterling.

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