El otro día, mientras me enteraba lo que le pasó a Mariano, a quien le hicieron un terrible daño con su sitio, borrándole el disco completo de su servidor virtual, lo que casi significó la pérdida de once años de Uberbin.
Afortunadamente, el blog volvió a la vida rápidamente gracias a sus backups y la ayuda de mucha gente que le dio una mano, aunque perdió algunos comentarios y posts.
No faltó quien lo criticara por no tener un backup completo de los datos importantes fuera de ese server, incluso él mismo se dio un tirón de orejas y está bien, hay que ser precavido porque este tipo de cosas pueden pasar, el mundo está lleno de garcas y gente que sólo le interesa joderle la vida a los demás, aún sin que esto le genere provecho alguno.
Lo que a mi me parece es que el respaldo de datos debería haberlo tenido por si el hosting falla, por si necesita migrar rápidamente y de última por si alguien se le antoja cagarle el sitio.
Y es que uno no puede estar llenándose de cerrojos y gastando recursos en protegerse de la mala voluntad de los demás.
Es como en los noticieros, cuando pasan la noticia de un asalto con víctimas fatales o heridos, nunca falta aquel que diga “y bué, el tipo se resistió al asalto” como si fuese un justificativo de la mala acción del delincuente. Eso esta mal. No es posible vivir sometidos a la voluntad del delincuente o garca de turno, atajándose por si pasa algo mientras ellos se mueven a sus anchas sabiéndose impunes.
Desde hace un tiempo, circula en Internet, más precisamente en Facebook, una campaña sobre la violencia de género que dice “vivimos en una sociedad que enseña a las mujeres a no ser violadas en vez de enseñar a los hombres a no violar”, que más o menos está en sintonía con lo demás.
Creo que es tiempo de enseñar a los niños a ser buenas personas, que tomen sus recaudos pero que vivan sin miedo, que si todos somos buena gente no habrá por qué temer.
Y por supuesto, las buenas acciones y el ejemplo hay que darlo en casa, desde chicos.
Hace poco me pasó algo similar cuando me robaron el celular. Dos frases que me dijeron mucho, y que odio, son: “Al menos no te lastimó” o “Y, vos también, usando ese celular en el colectivo en Once”, de las cuales se deduce, exageradamente obvio, aunque no tanto, que fue culpa mía (por usarlo donde no debía) y que debería haberle agradecido al ladrón (por no haberme lastimado).
Tal cual, es lo que decía. Vivimos con miedo de tener algo lindo porque alguien más puede quererlo y podría hasta matarnos para quitárnoslo.
Algo está muy mal.
9:32 am
Es como la estupidez de Lubertino de pedirles a las mujeres que lleven forros y convenzan a los violadores para que se lo pongan, en lugar de obligar a los violadores a que tengan, no?