Como amante de la ciencia ficción, debo reconocer en Ray Bradbury a uno de los grandes talentos y responsable de que el género fantástico sea lo que es.
Fue un autor bastante prolífico, que dejó un legado bastante extenso: obras de teatro, novelas y relatos de diversa temática, desde ciencia ficción hasta terror, pasando por la fantasía y hasta novela negra. No me agradaba el estilo narrativo de Bradbury, demasiado florido para mi gusto, pero como dije, sería muy necio desconocer que gracias a él (entre otros) mi género literario favorito llegó al mainstream e hizo el ruido suficiente como para llamar la atención.
En alguna antología leí una frase que decía algo como que Bradbury integraba el ABC de la ciencia ficción junto a Asimov y Clarke. A pesar de ser una expresión algo exagerada, lo cierto es que muchos llegamos a este género desde alguno de esos autores.
Bradbury es el autor de obras muy famosas como El hombre ilustrado, Las doradas manzanas del sol, Crónicas Marcianas y la archiconocida Fahrenheit 451, que integra junto a Un mundo feliz, de Huxley, y 1984, de Orwell; la trilogía de distopías imprescindibles en cualquier colección.
Hoy, 6 de junio de 2012, los fanáticos de la ciencia ficción en particular y de la lectura en general, hemos perdido a uno de los grandes maestros.