Anecdotario, parte I

El viaje de ida fue más lento que el de vuelta porque estábamos descubriendo nuevos caminos y paisajes. Todo iba sin novedades hasta que se terminó la autopista, en la localidad cordobesa de Ballesteros, a partir de ahí seguimos por una ruta cargada de camiones hasta Belle Ville donde nos perdimos y tuvimos que pedir indicaciones a un lugareño y a Eusebio vía celular.

Saliendo de Belle Ville debíamos continuar hacia Justiniano Posse, pero en un cruce no sabíamos para donde agarrar (los carteles de la ruta brillaban por su ausencia) así que nos tiramos hacia un costado para preguntarle a un viejito que estaba parado a la orilla de la ruta:

-Jefe, para ir a Posse…?

-Van para Posse?

-Sí…

Al toque se mandó hacia la puerta trasera y se subió al auto. El tipo también iba hacia ahí y estaba haciendo dedo.

En el auto tratamos de darle conversación y le preguntábamos sobre las distancias hacia las otras localidades (queríamos llegar a Baldisera para buscar a Eusebio). El chabón nos respondía cosas como “sí, desde Posse hasta Baldisera tienen como 5 leguas, de ahí a Inriville habrá unas 4 o 5 leguas más…

Yo miraba el cuenta kilómetros del auto para tratar de calcular, pero la gente de GM no incluye una escala en leguas, apenas millas y km., de reojo veía a Fredy que hacía fuerza para no reirse, tal vez acordándose como yo de un capítulo de Los Simpsons donde Bart y sus amigos salen de viaje en auto y levantan a un vago que estaba en la ruta.

Así y todo, luego de dejar al hombrecito en una estación de servicio de Posse, donde tenía su bicicleta (?), seguimos hasta Baldisera, donde llegamos sin volver a perdernos, a pesar de la falta de indicaciones en la ruta (gracias Vialidad Nacional, es muy lindo manejar a ciegas). El GPS del celular no lo usaba porque venía manejando y no daba pararse a la orilla en medio del campo y demorarse más aún. Ahí nos estaba esperando Eusebio y toda su familia con un montón de empanadas, postres y hospitalidad.

Lamentablemente no pudimos quedarnos mucho tiempo luego de garronear almorzar porque todavía nos quedaban algo así como tres horas de viaje hasta Rosario.