Francisco I y el gen de la argentinidad

Hay tres temas sensibles que cualquier persona que no quiera terminar ofendida, u ofendiendo a alguien más, tratará de evitar o, al menos, manejar con delicadeza: fútbol, política y religión.

Quizás lo del fútbol no sea tan así en otros países, pero en Argentolandia el balompié es una cuestión de Estado, como lo demuestra el FPT.

Y ni hablar si los tres temas anteriores se cruzan, como pasó con la elección del reciente Papa, Francisco I, más conocido por su nombre del DNI, Jorge Bergoglio. No había pasado un minuto del anuncio y ya saltaron las jodas y chicanas sobre el Papa, que es hincha de San Lorenzo y se encuentra en la vereda opuesta al gobierno nacional.

Se lo cuestiona por su actuación durante la última dictadura militar, o que Macri estaría festejando y la presidenta preocupada (cosa que no creo), amén de las chicanas futbolísticas, donde abundan los chistes sobre su simpatía cuerva, como que finalmente alguien de CASLA logra un título internacional, y así.

Lo cierto es que la iglesia católica como tal es una institución ultra conservadora, por lo que su ideología política estará siempre más ligada a la derecha que al progresismo. No digo que esté bien o mal, pero está en el código genético (?) del catolicismo, o sea, no debería sorprender a nadie, mucho menos a quienes conozcan un poquito de la historia de la religión y sus vínculos con el poder.

Y por otro lado, están los exitistas, aquellos que se sumaron a la algarabía colectiva instantánea al saber el nombre del nuevo líder espiritual y salieron a festejar como cuando la selección de fútbol logra un título (algún memorioso recordará como era eso).

La cosa es que los argentinos somos así, blanco o negro, River o Boca, no existen los grises, son tonos inconcebibles en nuestra cotidianeidad. Pasamos de la apatía al festejo en un segundo, y de la adulación exultante a la puteada feroz sin escalas.

No importa de quien se trate, siempre tenemos que mostrar nuestro parecer y que éste se imponga por sobre la opinión de los demás, ya sea que se hable de Maradona, Messi, Gardel o el mismo Papa.