Sobre la convivencia

Ayer, en la oficina, un compañero me preguntaba sobre la convivencia en pareja. Parece que el pibe está por dar el gran salto y, siendo el más experimentado en esas cuestiones en nuestra área, se le ocurrió pedirme algunos tips 🙂

Entre lo que charlamos sobre el tema, en un momento le contaba que muchas cosas se resuelven negociando, lo cual significa ceder un poco cada uno. Le dije que a veces es uno el que cede más y otras veces es ella, pero por lo general, en parejas de mujer-hombre, el que más termina cediendo es este último, por una cuestión lógica: la mujeres suelen tener la razón más a menudo que nosotros.

En fin, revisando los links que tenía para ayer, me di con uno que no publiqué porque me parecía que daba para una entrada propia (la presente), debido a la temática: es un flowchart que nos ayuda a responder a la pregunta ¿debería confrontar a mi esposa?

Ustedes decidan.

No discutas

Co workers

El trabajo en oficina es algo así como un matrimonio poligámico, sin sexo, pero con todo lo demás: discusiones, compromiso, trabajo en equipo, objetivos en común, en fin, convivencia.

Porque no es fácil pasar ocho horas promedio con la misma gente durante cinco días a la semana, en su hogar cada uno comparte menos tiempo con su familia, salvo los fines de semana, y la convivencia tiene sus matices. Entre los hijos y la pareja siempre aparecen roces (o choques) por cuestiones naturales de carácter, igual que en una oficina.

Al igual que en una familia, en el trabajo cada uno tiene (o debe tener) su rol bien definido para evitar entrometerse en las tareas ajenas o dejar colgados al resto, sin que ello suponga que la ausencia de un empleado signifique la paralización de su área, siempre tiene que haber alguien que pueda hacerse cargo ante alguna eventualidad, como por ejemplo, los padres estamos preparados para hacernos cargo de la cocina cuando nuestra esposa no puede cocinar: llamamos al delivery.

Lo cierto es que la convivencia con la gente del trabajo tiene algunas cosas buenas que vale la pena rescatar:

  • After office: son lo mejor. Nada como conocer a tus compañeros en situación de comida-bebida-joda para darte cuenta que no somos solo el ente que trabaja.
  • Comunidad y sentimiento de pertenencia: cuando llevás un tiempo trabajando con la misma gente y en el mismo lugar, se te va impregnando la camiseta de la empresa, a algunos les pasa antes, a otros después, pero a nadie le gusta que le digan “esos de (empresa aquí) son todos unos inútiles”.
  • Amistad: no siempre ocurre, pero es probable que uno termine haciéndose amigo de sus compañeros de trabajo, no de todos, pero sí de un par de ellos.
  • Aprendizaje: siempre aprendemos de nuestros compañeros. Si somos nuevos, alguien nos enseña; si somos de los más antiguos, los nuevos nos muestran otra visión de nuestra actividad. Trabajando en equipo aprendemos continuamente de los demás.
  • Negociación: nuestra capacidad de negociar se desarrolla relacionándonos con los demás, aprendemos a tomar y resignar de acuerdo a cada situación, aceptamos los errores y las críticas y logramos que los demás reconozcan su parte, teniendo en claro el objetivo en común.

Y no existe nada como compartir un café, a cualquier hora, con los compañeros de la oficina mientras hablamos mal de los jefes. Eso si, que nadie use mi taza porque se arma.