La mayoría de los viajeros no logran desconectarse en vacaciones

Supongo que a muchos nos debe pasar lo mismo.

En mis primeros años de usuario de celular, cuando no existían los planes de datos 3G ni era recomendable utilizar el móvil como modem (la tarifa era muy alta), recuerdo que en vacaciones solía meterme en cualquier cyber que encontrara para poder actualizar mi viejo blog o incluso éste mismo cuando todavía estaba en pañales. El wifi no era común en los hoteles y lugares públicos y, llegado el caso, en aquellos días ni siquiera tenía notebook.

Supongo que mis conocidos habrán pensado que estaba bastante enfermito como para no permitirme un descanso de Internet en vacaciones, cosa que ahora sería bastante normal, ya que, según lo que se puede ver en la infografía, más del 80% de los viajeros no pueden desenchufarse plenamente.

No me parece mal, tampoco bien, que no logremos desentendernos por completo de nuestra vida online, es más bien una cuestión de estilo de vida, como quienes practican deporte, que no van a dejar de salir a correr sólo por estar de vacaciones. Después de todo, en esos días de descanso, uno quiere hacer lo que más le gusta, no?

Yo por mi parte, para estas vacaciones ya tengo empacados tablet, kindle, cámara, notebook, celular, mp3 con auriculares bluetooth y, si me queda espacio, la Play.

Link: TicBeat.

Data traveler

De feriados y descanso de fin de semana

Los feriados tienen esa cosa extraña, un sabor agridulce por así decirlo.

Cuando se acerca un día no laborable, la ansiedad hace que las jornadas previas sean eternas, por el contrario, el fin de semana y feriado pasan volando. Y ni hablar de la semana corta que queda luego de, por ejemplo, un lunes feriado.

Esto se debe a diversos factores que he estudiado detenidamente a lo largo de mis veinte años de educación formal y dieciocho de actividad laboral.

  • Como decía Piscitelli en alguna charla, algo mal estamos haciendo si esperamos siempre el fin de semana, los días sin trabajo para desarrollar precisamente aquello que nos gratifica. Y no es solo al hecho de que te guste o no tu trabajo (a mi me encanta) sino que sepamos disfrutar de las obligaciones, para sentirlas más palacenteras y menos como una carga. Por ejemplo: llevar los chicos al colegio, el trabajo propio, cocinar, las compras, el cuidado de la casa, son cosas que hacemos de lunes a viernes y no siempre disfrutamos por andar a las corridas, pensando en lo que nos toca después.
  • Esta necesidad de contar con tiempo para lo placentero, es lo que nos llena de ansiedad, logrando que vivamos pendientes del reloj. Todo es una constante cuenta regresiva “faltan dos días para el viernes”, “una hora más y me voy a casa”, “cinco minutos más”; esto es frustrante porque si miramos el pasar del tiempo a cada instante, este parece no avanzar y uno termina en un ciclo de ansiedad-frustración improductivo y estresante.
  • Llegados los días de descanso, lo que menos hacemos es descansar. Nos cargamos tanto de actividades que no hicimos durante la semana, que al final queremos cumplir con todas en dos días: salir con amigos, pasear con la familia, practicar deporte, ir al cine, pasear al perro, dormir una siesta eterna. Un pequeño consejo: no privarse de estas cosas durante la semana laboral, aprovechar los descuentos de lunes a miércoles en el cine, mandarse a un after hour de vez en cuando, anotarse en un gimnasio y asistir una hora dos o tres veces por semana. No es tan complicado encontrar el momento durante los días laborales y esto hará que el fin de semana se disfrute más, ya sea descansando o con actividades planificadas. Ojo, por ahí el finde pasa rápido porque la diversión estuvo buena y dan ganas de seguirla.
  • Pasado el fin de semana y/o feriado, los días que restan para el próximo descanso parecen más largos y eso por dos razones. La primera mencionada al principio y tiene que ver con la ansiedad, y la segunda por la falta de descanso y la sensación de haber desperdiciado el tiempo durante el fin de semana.

Por eso, nada mejor que llevar una vida organizada, sin estructuras rígidas e inamovibles, tratando de darse el tiempo necesario para lo divertido y gratificante. Distribuir los buenos momentos ayudan a que la semana sea pareja y no una montaña rusa de tedio y sobrecarga de actividades.

Lo que te haga bien

Hay cosas que uno hace sin esperar ganar algo a cambio, cosas que se hacen por simple placer, donde lo único que se gana es satisfacción.

Digamos que son actividades que se realizan por deporte, como quien dice. Una expresión que no sé de donde nace, pero me aventuraría a afirmar que se debe a que la mayoría de la gente que practica deporte lo hace de manera amateur.

Por ejemplo, en mi caso, juego al padel desde hace veinte años, nunca lo hice pensando en el profesionalismo, aún cuando me gustaba muchísimo desde que agarré la paleta la primera vez. Tal vez nunca fui tan bueno como para pensar en dedicarme seriamente a esto, pero también es verdad que desde siempre jugué dos o tres veces a la semana, sin entrenar y apelando solo a los dotes naturales (?) para este deporte.

Pero no quiero desviarme, volvamos a la idea inicial.

El otro día hablábamos con un grupo de amigos en mi casa sobre varios temas y una de las chicas comentaba lo estresante de su trabajo, que resultaba muy agobiante, al punto de no poder disfrutar del tiempo libre como corresponde. Uno de los muchachos le sugirió que pruebe con la meditación, que es algo que a él le hace muy bien.

Mientras escuchaba la conversación pensaba en mi (como buen egocéntrico) y lo que me ayuda a relajarme, desde luego que no la meditación porque esas terapias de hippie no me caben (?), pero sí otras cosas, por ejemplo:

  • Una taza de café a la siesta en el sillón del living mientras el resto de la familia duerme. También puede ser un fernet o campari a la noche.
  • Leer en la cama a altas horas de la noche (siempre y cuando Inés no me putée para que apague la luz).
  • Escribir en el blog mientras escucho música con los auriculares (sí, esto para mi es terapéutico).
  • Ver películas con Inés los fines de semana aprovechando que los niños juegan en su habitación.
  • Un baño tibio en la bañera luego del gym o un partido de padel.
  • Salir a desayunar al centro los sábados a la mañana con los chicos, dejando a las mujeres en casa 🙂

Y así una larga lista de cosas que hago sin darme cuenta pero que me sirven en el día a día para humanizarme y desconectarme un rato, aún cuando muchas de ellas requieran algún tipo de conexión (valga la contradicción).

¿Uds. tienen algún tipo de actividad de descarga? Supongo que sí.

 

Tratando de reacomodarme

Viernes nuevamente en una semana que se me hizo eterna, arrancando el lunes con todo el sueño del mundo, cansado de manejar durante más de diez horas. Tan así que con mi auto hemos creado un vínculo más que interesante; claro, no cualquiera te aguanta el traste durante tanto tiempo sin llegar a sentir algo más que aprecio.

La cuestión es que todavía no escribí mi relato sobre el viaje y si dejo pasar más tiempo creo que no tendrá mucho sentido leerlo, pero el tiempo no me da y a mi edad cuesta bastante volver a acomodar las cargas para retornar a la rutina de laburo-casa-familia-laburo-blog-laburo.

Tanto palabrerío para decirles que llegó nuevamente el fin de semana, tiempo para descansar y retomar el ritmo, tanto en la casa como aquí, y para escribir los posts de la semana próxima, salvo el referido a mi participación en #RosarioenMayo que saldrá mañana, a ver quien lo desvirga primero 😀

Hasta entonces.