Links de lunes

Lunes feriado, ideal para preparar el festejo y comilona de esta noche, así que no voy a entretenerlos demasiado (además hoy nadie va a visitar esto).

Vamos a lo nuestro mientras nos alistamos para los petardos:

Posts recomendados:

Hacer valer los derechos

En los links de hace un par de semanas, incluí un post de Letra P, en el que Bruno Bimbi relata el maltrato sufrido a la salida de una conocida librería.

Sin entrar en detalles, Bruno había sido acusado de ladrón por el personal de seguridad y el gerente del local sin ningún tipo de prueba, solo por negarse a entregar o vaciar el contenido de su mochila.

Les copio este pedacito a modo ilustrativo de la situación:

—Si no te estuvieras robando libros no tendrías problema en abrir la mochila. Tu actitud es sospechosa —dijo el supuesto gerente.

—En primer lugar, ni vos ni ese tipo, que no es policía sino apenas empleado de seguridad, tienen autoridad para obligarme a mostrarles la mochila. Ni siquiera la policía podría obligarme, salvo con una orden de un juez. Si vos me viste robando un libro, llamá a la policía, si no, callate la boca. Segundo, si no me dejás salir de la librería, eso se llama privación ilegal de la libertad, es un delito y el que va a llamar a la policía soy yo. Tercero, no pienso abrir la mochila porque no voy a tolerar que me acuses de ladrón porque sí. Yo no tengo por qué probarte nada, soy apenas un cliente que se está yendo de la librería y si vos sos un paranoico es un problema tuyo, pero yo no tengo por qué aguantar que me pongas bajo sospecha porque se te da la gana —le dije.

—Pero vos te estabas escapando, eso es sospechoso. ¿Por qué te quisiste escapar si no tenés nada que esconder?

—¡Estaba saliendo, no escapándome! ¡Cuando una persona entra a un negocio, después sale, no se queda a vivir! Además, ¿salí corriendo? No, iba caminando tranquilito hacia la puerta, cuando este tipo me bloqueó la salida y vos me empujaste. Si no me dejás salir ya, llamo a la policía.

—Llamala, pero de acá no salís.

Los dos agentes de la Policía Federal que llegaron en pocos minutos estaban más perdidos que policía en la Facultad de Derecho. No tenían ni idea de qué tenían que hacer o quién tenía razón. Les dije que quería registrar una denuncia por privación ilegal de la libertad contra el tipo de seguridad y el supuesto gerente, que además me había agredido físicamente. Este último les dijo que yo me estaba robando un libro y no quería abrir la mochila. Yo les dije que no podían tocar mi mochila sin orden de un juez y menos aún impedirme salir, empujarme e intimidarme como lo estaban haciendo, y que no tenían ningún motivo para acusarme de nada, sino apenas paranoia. Además, si me estuviera robando un libro y me obligaran a abrir la mochila sin orden judicial o sin que se cumplan algunas de las justificaciones legales posibles, ni siquiera serviría como prueba para acusarme de nada, porque sería una evidencia obtenida ilegalmente.

El relato sigue y habla de la intervención de otra persona que, afortunadamente, tenía dos dedos de frente y ayudó a solucionar la situación. Al margen de lo sucedido al autor de ese blog, lo cierto es que no muchos están al tanto de sus derechos en estos casos, yo mismo me enteré al leer ese post. Muchos optarían por abrir la mochila y mostrar su contenido para evitar el escándalo o por temor a las acciones legales que pudieran tener legal, que en realidad serían nulas.

Ahora, acabo de ver en Facebook una imagen sobre derechos de los fotógrafos al tomar imágenes de policías en la vía pública, cuyo contenido debo confesar que también desconocía.

Es esta:

FotografíaA lo que voy es que de algún modo deberíamos estar al corriente de nuestros derechos en la vía pública y hacerlos respetar como corresponde, porque, no esperemos que los demás nos lo estén recordando cuando sufren algún tipo de atropello.

Seríamos mejores ciudadanos, más comprometidos y hasta solidarios en este tipo de situaciones incómodas, como en la de la librería.

Hermosa librería en Holanda

Cada vez que voy a Baires no puedo dejar de pasear por algunos lugares emblemáticos de la ciudad, entre ellos la librería El Ateneo Grand Splendid.

Esta hermosa librería, instalada en lo que fuera un antiguo teatro, está considerada una de las más bellas del mundo y cada tanto aparece en alguna nota de sitios sobre literatura o turismo.

Boludeando Navegando por Internet, acabo de encontrar fotos de una librería en Holanda en un estilo similar, apostada en lo que fuera una iglesia dominicana del siglo XIII.

A continuación algunas fotos:

Librería

Librería

Librería