Links de lunes

Estoy oficialmente de vacaciones y con poco tiempo-ganas de postear, así que si notan una diminución en las actualizaciones de este sitio, es por esta razón.

Tampoco posteó tan seguido, apenas cinco o seis entradas por semana.

Como sea, acá están los links de hoy:

  • 8 secondes: proyecto del fotógrafo Nicolas Ruel, vale la pena pegarle una mirada.

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Links de lunes

Llegó el día que todos esperamos…bueno, no me miren así, hay quienes aman los lunes: los workholics, quienes viven solos al borde del suicidio, los jefes que hinchan las pelotas, los peluqueros…

Como sea, para quienes aún odiamos el inicio de la semana laboral, acá están algunos enlaces:

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Links de lunes

Lunes de nuevo, todos volvemos al laburo a comentar sobre el cierre de los Juegos Olímpicos y el desempeño de los atletasde nuestro país, mientras tanto, los chicos hacen lo propio en referencia al día del niño y los regalos recibidos.

O sea, ayer fue un lindo domingo para muchos, vamos a los links:

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Links de lunes

Lunes de nuevo, vuelta al laburo, luego de un fin de semana bastante agitado e inolvidable del que ya les contaré en un rato.

Pero antes, como corresponde, vamos a lo nuestro:

  • Este tipo es la definición encarnada del término domainer.

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Los libros de mi viejo

Las herencias son algo extraño, uno puede recibir diversos tipos de legados y no darse cuenta hasta pasado mucho tiempo.

Mi viejo falleció cuando yo tenía seis años, dejándonos a mi mamá y a mi con lo poco que había podido conseguir durante los siete años de matrimonio y una pensión por haber caído en Malvinas.

Sin embargo, hay cosas de él que aún conservamos y de las que no pienso desprenderme: su gorra de uniforme, un pulover que mi mamá le tejió y que yo usé durante varios años (ahora lo tengo guardado para no arruinarlo), varias fotos y un puñado de libros, algunos en español y otros en inglés. Además de los honores póstumos que recibió, como medallas, condecoraciones, certificados, y el sable de mando. Este último es una réplica del que mi viejo tenía como parte de su uniforme de gala, porque el suyo se fue con él.

Pero a lo que iba es a los libros.

Desde chiquito, mis viejos me incentivaron para que aprenda mucho y rápido, ilusionados, tal vez, con que su niño sea una luminaria del conocimiento. Nada de presión ni saltar etapas (frase horrible, si las hay), solo estímulo intelectual. Así fue que a los cinco leía algunas palabras, había aprendido a jugar al ajedrez, me pasaba muchas horas al lado de mi mamá (porque mi papá vivía de viaje) dibujando y garabateando en un cuaderno o haciéndola que me lea todas las revistas y libros que tenía al alcance. Decí que mis viejos solo tuvieron un hijo, porque darle bola a varios así de hinchapelotas hubiese sido un calvario.

La cosa es que de grande siempre seguí leyendo, me gusta la lectura de casi cualquier tipo, y así fue que un día, hurgando cajas y muebles  en lo de mi mamá, encontré algunos libros viejos. Le pregunté por ellos y mi mamá me dijo que eran de mi papá, que ella los guardó así como los encontró entre sus cosas, que si los quería que me los lleve. Obvio que los agarré y ahora ocupan un lugar importante en mi biblioteca.

Cuando los tuve en mi poder, comencé a leerlos y a ver de qué se trataban, y la verdad que me sorprendí leyendo más de lo mismo que siempre me había gustado leer por mi cuenta, porque a mi vieja la ciencia ficción y la fantasía no le cuadran ni medio. Entre los libros de mi papá se encontraban “Las mejores leyendas mitológicas”, una colección de historias mitológicas que abarcan casi todos los pueblos de la antigüedad; y “Ayesha, el retorno de Ella” de H. Rider Haggard, el autor de varias novelas de aventuras fantásticas, como “Las minas del Rey Salomón” y “Allan Quatermain“.

La verdad que yo ni sabía de las preferencias literarias de mi padre, mi mamá nunca me habló de eso hasta que le pregunté y me contó que sí, que a él le gustaban esas aventuras e historias de dioses y guerreros, lo que me llenó de alegría porque podía reconocer una parte de mi papá en mi, más allá de lo físico.

Hace mucho, les contaba, en este u otro blog, que una de las cosas que más me enorgullecen y estimulan mi ego es que me digan que me parezco a mi papá. Será que lo tuve poco tiempo, pero cada persona que lo conoció y me cuenta algo de él, coincide en que era buen tipo ante todo, muy respetuoso y de conducta intachable, algo que trato de emular sin mucho éxito.

Como también lo dije alguna vez, ser padre le dio otra visión a todo. Puedo reconocerme en algunas actitudes, expresiones y gestos de mis hijos. Espero que ellos alguna vez se enorgullezcan de su herencia intangible.

Recomendaciones: literatura para niños

Esta lista está destinada a quienes tenemos hijos que están haciendo sus primeras armas con la lectura y no sabemos qué darles para incentivar su curiosidad por la literatura.

En mi caso, mi hijo mayor, Ezequiel, está leyendo por su cuenta y parece que le agarró el entusiasmo por los libros, así que pedí recomendaciones en Twitter y entre todas las sugerencias, tomé las siguientes, que no deben faltar en la biblioteca infantil.

  • Antología de cuentos de los hermanos Grimm, pero los cuentos originales, no las adaptaciones libres.
  • Antología de cuentos de Hans Christian Andersen, lo mismo que con los Grimm.
  • El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry.
  • Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain.
  • El viento en los sauces, de Kenneth Grahame.
  • La isla del tesoro, de Robert L. Stevenson.
  • Cuentos de la selva, de Horacio Quiroga.
  • Azabache, de Anna Sewell.
  • Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll.
  • Harry Potter (la saga, en orden cronológico), de JK Rowling.
  • El Hobbit, de JRR Tolkien.

Obviamente la lista es flexible y puede crecer, modificarse y adaptarse, por ejemplo, Harry Potter no es de mi agrado pero debo reconocerle que haya logrado despertar la pasión por la lectura en los niños en la década pasada y mantenerlos interesados hasta hoy; Tolkien me dijeron que es más para adolescentes, más que nada por el volumen de la novela y el lenguaje, no muy apto para leer en los primeros años, pero puede ser un libro que los padres le lean a los niños, ya que la historia es bastante entretenida. Hay autores, como Stevenson y Mark Twain, cuya obra completa es muy recomendable para los chicos, aunque solo haya incluído uno de sus libros.

Espero sus recomendaciones.