Links de lunes

Hoy vamos un poquito tarde. Ultimamente, los fines de semana me cuelgo con cualquier cosa y no me hago tiempo para armar los links.

No importa, aquí están. Continúa leyendo Links de lunes

[Video] Danny MacAskill’s Imaginate

¿Cómo sería ver el producto tu imaginación convertido en realidad?

¿Cuántas veces, de niños, jugábamos con autitos, motos y demás vehículos, haciéndolos realizar piruetas y saltos imposibles sobre el resto de los juguetes?

Este video, rescata ese espíritu imaginativo de la niñez, apelando al talento y virtuosismo de Danny MacAskill sobre la bicicleta.

Links de lunes

Lunes feriado, ideal para dormir hasta tarde o ponerse al día con las tareas atrasadas. Aunque la mayoría nos dedicamos a pasear y dejar las cosas para más adelante, no así mi deber semanal de presentarles algunos de los enlaces que me llamaron la atención durante los últimos días.

  • Y siguiendo con el cine, 10 películas que fueron asesinadas antes de nacer.

Posts recomendados:

Reacción de un niño ante una pareja gay

En estos tiempos que corren, ver una pareja homosexual no debería sorprender a nadie, mucho menos en un país donde el matrimonio entre personas del mismo sexo está amparado por la ley, algo que en varias naciones deberían copiar.

Sin embargo, siempre existe prejuicios (cada vez menos, afortunadamente) y aquellos que no aceptan una condición que califican como “no natural”, aduciendo todo tipo de argumentos sin demasiado sustento.

Por suerte, los niños de hoy son mucho más tolerantes e inteligentes de lo que nosotros fuimos hace un tiempo.

Link: Daylimotion – Reacción de un niño frente a pareja gay.


REACCIÓN DE UN NIÑO FRENTE A PAREJA GAY… por 2somos2

Recomendaciones: literatura para niños

Esta lista está destinada a quienes tenemos hijos que están haciendo sus primeras armas con la lectura y no sabemos qué darles para incentivar su curiosidad por la literatura.

En mi caso, mi hijo mayor, Ezequiel, está leyendo por su cuenta y parece que le agarró el entusiasmo por los libros, así que pedí recomendaciones en Twitter y entre todas las sugerencias, tomé las siguientes, que no deben faltar en la biblioteca infantil.

  • Antología de cuentos de los hermanos Grimm, pero los cuentos originales, no las adaptaciones libres.
  • Antología de cuentos de Hans Christian Andersen, lo mismo que con los Grimm.
  • El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry.
  • Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain.
  • El viento en los sauces, de Kenneth Grahame.
  • La isla del tesoro, de Robert L. Stevenson.
  • Cuentos de la selva, de Horacio Quiroga.
  • Azabache, de Anna Sewell.
  • Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll.
  • Harry Potter (la saga, en orden cronológico), de JK Rowling.
  • El Hobbit, de JRR Tolkien.

Obviamente la lista es flexible y puede crecer, modificarse y adaptarse, por ejemplo, Harry Potter no es de mi agrado pero debo reconocerle que haya logrado despertar la pasión por la lectura en los niños en la década pasada y mantenerlos interesados hasta hoy; Tolkien me dijeron que es más para adolescentes, más que nada por el volumen de la novela y el lenguaje, no muy apto para leer en los primeros años, pero puede ser un libro que los padres le lean a los niños, ya que la historia es bastante entretenida. Hay autores, como Stevenson y Mark Twain, cuya obra completa es muy recomendable para los chicos, aunque solo haya incluído uno de sus libros.

Espero sus recomendaciones.

La imagen más terrorífica

MiedoEn junio de 2008 me tocó asistir al segundo DIC (Día Internacional del Comentarista de blogs), organizado por el célebre comité conocido como “El comando Banchero” o “Los (pre)históricos”.

Como el evento se limitaba a una noche de pizzas y cerveza, mi viaje estaba planeado para ir y volver rápido, alojándome una sola noche en un hotel barato del centro de Capital. La cosa se complicó y tuve que quedarme un día más de prepo pero no viene al caso.

La cuestión es que terminada la joda, con after en lo de Rabino (vino, Wii, caramelos, etc.) incluído, volví en taxi al hotel a eso de las 5 AM (hora más, hora menos). Caminé media cuadra con el maletín de la notebook en una desolada Buenos Aires de madrugada, donde no había ni un perro, me planté frente a la puerta de vidrio y, apurado, llamé al timbre. El conserje se despertó con un pequeño saltito, me abrió la puerta, murmuró algo inentendible gracias a nuestros estados soñoliento y etílico (es fácil adivinar el mío) y volvió a su puesto detrás del mostrador-cama.

Yo crucé el pasillo en penumbras de la planta baja hasta llegar a la escalera que me llevaría al primer piso y mi habitación, subí los peldaños en caracol, agarrándome de la baranda porque no veía bien en la oscuridad y al llegar arriba me doy con que el pasillo estaba completamente en tinieblas. No había ni un solo foco encendido.

Pensé que tenía sensores de movimiento y se encenderían a mi paso pero me equivoqué, tuve que caminar por un pasillo oscuro donde apenas podía visualizar lo que alumbraba con mi teléfono. Medio en pedo y cagado de miedo, se me ocurrió que podría bajar y pedirle al conserje que me encienda las luces o me acompañe con una linterna, pero la idea de despertarlo nuevamente me hizo desistir.

Finalmente llegué a mi habitación, sobre el final del pasillo, abrí como pude (no podía embocar la llave), prendí la luz a las apuradas y me dio por pensar qué hubiera pasado en mis calzones si por ese pasillo se me aparecía un niño en triciclo.

Y no estaba tan loco, parece que el cine nos ha influenciado tanto que lo más espantoso que muchos se imaginan es que les aparezca una niña en un pasillo de hotel (lo del triciclo es otra clásica imagen cinematográfica).

Mi niño

Hoy les traigo un viejo cuento que escribí cuando Ezequiel tenía un año más o menos y que recuperé de mis viejos archivos. Habla de niños, juguetes y familia, por lo que me pareció que estaría bueno para navidad.

Mi Niño

Antes de partir, mi abuela le regaló a Ezequiel una bolsa de tela a cuadros llena de ladrillitos de plástico, de esos con los que todo el mundo jugó alguna vez de chico.
Según me dijo, esos ladrillos tenían una particularidad: a menos que se los sacara a todos, en la bolsa siempre había la misma cantidad.
Yo mucho no lo creí, aunque nunca hice la prueba de contarlos. Hay cosas que mejor seguir soñando, además, en caso de corroborar lo que decía mi abuela, toda mi lógica y razón se habrían ido al carajo. Luego, lo dejé correr.
La cuestión que a Ezequiel mucho no le interesaban las historias de su bisabuela ni el escepticismo de su papá, así que lo primero que hizo fue agarrar la bolsa y darla vuelta, desparramando los ladrillos por toda la cocina, y se tiró de panza a jugar.
Ya en casa siempre jugaba con sus ladrillos y hacía torres enormes que desafiaban los postulados newtonianos, de formas por demás extrañas y que a mi me encantaban porque parecían paisajes futuristas de ciudades del mañana.
Al tiempo dejó de interesarse por sus ladrillos y empezó con la pelota, los autitos y demás juguetes, como todo niño que pasado el entusiasmo inicial se vuelca hacia otra cosa.
Pasó el tiempo mas o menos normal, hasta que un día encontró la bolsa al fondo de su caja de juguetes.
De nuevo vació el contenido el piso de su habitación pero no empezó con las torres habituales, en cambio me miró y me dijo
-¿Papá que querés que te construya?
-Lo que quieras, Gordito.
-No, en serio, decime algo- insistía.
-Humm…bueno, hacé una nave.
-Pero eso no sirve, yo quiero algo para cuando sea grande como vos, una casa, un auto, algo de eso decime.
-¿Y para que querés una casa y un auto?- le pregunté.
-¿Y para qué va a ser? Para que viva mi familia.
-Que lindo, pero tu familia ya tiene casa y auto, no te preocupes por eso.
-No tonto. Yo digo mi familia, cuando sea grande y me case y tenga nenes como vos.
-Pero para eso falta mucho, bebé.
-Ya sé, pero quiero ir practicando.
-Está bien, entonces construí una linda familia, la casa y el auto vienen después solitos.
-Bueno, pero no creo que me alcancen estos ladrillos.
-Creo que no, pero cuando crezcas vas a conseguir los que te faltan. Sino mamá y yo te prestamos de los nuestros.
-Papá, vos no entendés nada- me dijo y se tiró de panza a jugar.
La verdad que no sé si estábamos hablando de lo mismo, tal vez sea que Ezequiel tiene razón y yo no entiendo nada.