Terapia para padres

Ayer fui a mi primera sesión de psicología como apoyo a mi labor de padre.

No es la primera vez que hago terapia de este tipo, ni tampoco va a ser la última, pero sí es la primera en la que me siento realmente involucrado y donde soy el destinatario principal de la ayuda profesional.

De chico fui a unas pocas sesiones cuando nos vinimos a La Rioja luego que falleciera mi papá, pero de eso ni me acuerdo, solo me quedó el recuerdo de las aburridísimas clases de música en el conservatorio a las que me obligaba a ir mi mamá porque el psicoloco se lo había recomendado como método terapéutico para que el niño (yo) pudiera expresarse ¬¬

Luego, ya de más grande, asistí a consultas de psiquiatría cuando a mi mamá le explotó fuerte su depresión. Nuevamente las sesiones iban destinadas a mi madre y yo asistía como parte del grupo familiar, grupo compuesto por dos personas. Tampoco me quedó mucho de esa época porque era un adolescente irresponsable que solo esperaba que pase todo rápido para seguir con mi vida de joda, música y escuela secundaria, aunque me angustiaba mucho ver mal a mi mamá.

Pero bueno, eso quedó en el pasado, ahora vamos (Inés y yo) a consultas con una amiga para que nos dé una mano y nos diga cosas lindas o nos tire las orejas respecto a nuestro comportamiento y sentimientos en el papel de padres.

Ojo, no es que nos vaya a enseñar a ser padres, nadie me va a decir si hago bien o mal con mis hijos, sino que nos asiste psicológicamente a nosotros como adultos que nos angustiamos y hasta sobreexigimos en el rol de padres. Nos escucha y ayuda a enfrentar una tarea compleja y no siempre grata (a nadie le gusta tener que reprender o castigar a sus niños).

Yo no soy de las personas que gustan pedir ayuda, fui más que nada por iniciativa de Inés, pero me encantó y la verdad que lo poco que hablamos me ayudó bastante.