No tengo tele

Es algo que cada vez más gente dice a viva voz. Algunos para hacerse los superados onda “mirá, soy mejor que vos, no consumo basura televisiva”, otros porque no les hace falta (en realidad, creo que a nadie lo necesita) y el resto tendrá sus razones.

Yo sí tengo, dos, uno en el living y otro en la habitación de los changos. El del living es el comunitario, donde vemos películas y series y en el que los chicos juegan con la play, el otro es de uso exclusivo de los niños para ver dibujos animados y sus programas favoritos.

Hace unos días vi una nota que decía que la TV pierde cada vez más terreno frente a Internet, y había una tabla con la cantidad de horas diarias que una persona usa una cosa u otra. Yo estoy totalmente de acuerdo, aunque también me parece que el uso excesivo de Internet puede ser tan jodido como el de la televisión.

Actualmente el límite entre una y otra es bastante difuso, teniendo en cuenta que podemos utilizar la computadora para ver tv (en vivo, series, películas) y la TV para navegar por internet, enviar y recibir mails, conectarnos a redes sociales, etc. Y ni hablar de los servicios como Netflix, que te unen las dos cosas.

Como sea, pasamos de una época en la que tener TV era un símbolo de status social a otra donde el que no tiene es el más pulenta.

Link: xkcd.

No tengo TV

Ciencia ficción y sociedad

No es ningún secreto que me encanta la ciencia ficción y sus géneros hermanos como fantasía y terror. Tengo una cantidad importante de libros de los tres y cada vez que puedo me compro más, algunos están a la espera de su turno de ser leídos porque suelo comprar compulsivamente más de lo que puedo leer, por lo que nunca me quedo sin lecturas.

Como decía, he leído bastante ciencia ficción, me vi muchísimas películas y buena parte de las series del género que andan dando vueltas, la verdad que me fascina y cada vez que veo que alguien habla sobre el tema me prendo y tengo que dar mi opinión.

Justamente, leyendo este post de Gabriel y esta nota en Wired, me puse a pensar sobre lo que la “gente común” piensa de la ciencia ficción, a qué consideran ciencia ficción y cómo la distinguen de los otros géneros y me encuentro con que hay muchos que confunden términos o desconocen completamente sobre el asunto.

Y es que la ciencia ficción es muy amplia y toca infinidad de temas, siendo necesaria dividirla en varios subgéneros que van desde la historia alternativa, sin grandes cambios tecnológicos ni seres extraños, conocido como ucronía, hasta las aventuras espaciales con imperios galácitos repletos de bichos raros, naves que viajan más rápido que la luz.

No voy a ponerme a contar sobre la diferencia entre subgéneros y cómo distinguir la ciencia ficción de la fantasía porque eso es algo que ya hice hace tiempo, pero sí quiero hacer alguna observación sobre lo de Arkhos y Wired.

Como dice Gabriel en su post, la ciencia ficción nos invita a soñar, siempre sobre lo posible o al menos no tan descabellado, nos obliga a preguntarnos constantemente. Una pregunta clásica es “qué pasaría si…?”, sobre la cual la ciencia ficción ha ensayado miles de respuestas y variantes en cuanto situaciones, momentos y lugares. En las ucronías se intenta responder a una variación de la pregunta, que en este caso sería “qué hubiese pasado si…?” la segunda guerra mundial hubiese terminado de otra manera, como en “El hombre en el castillo” de Philip K. Dick.

Ni hablar de “qué pasaría si nos encontramos con otra civilización inteligente?”, pregunta esta que tiene innumerables respuestas en el campo de la ciencia ficción, desde “Cita con rama” o “2001 odisea espacial” de Clarke hasta “Contacto” de Sagan, hay de todo y cada cual puede imaginar su propia versión porque, la exigencia de que algo sea “posible” no es un limitante, sino una invitación al desarrollo de una historia plausible, de un entorno que determine los acontecimientos, eso es soñar.

En cuanto a la nota sobre cyberpunk, estoy de acuerdo en que sirvió para inyectarle algo de aire fresco luego de la decadencia, al menos literaria, que le tocó desde mediados de los ochenta y mucho más dura en los noventa, cuando muchas publicaciones dejaron de aparecer y los autores se orientaron hacia otros géneros. No obstante, y esto es una apreciación personal, no creo que el cyberpunk haya inventado ni desarrollado la crítica social como tal. Las corporaciones y gobiernos totalitarios, controladores de la vida del ciudadano ya aparecían en obras mucho más viejas y que son clásicos de la ciencia ficción y el mainstream, como Fahrenheit 451 (Bradbury) o Un Mundo Feliz (Aldous Huxley).

Tampoco los ochenta fueron el nacimiento del cyberpunk, ni Gibson o Sterling sus creadores; de hecho, hay quienes consideran a Alfred Bester como el pionero del movimiento, con obras como Computer Connection o Las estrellas mi destino (Tigre, tigre).

Es verdad que su mayor desarrollo se vio entre los ochenta-noventa y con los autores mencionados, pero lo veo más como una  consecuencia del momento, de modo similar a lo que pasó con la new wave, impulsada por autores como Aldiss, Ballard o Zelazny, entre los sesenta y setenta; era lo que se estaba viviendo o lo que se venía y la literatura no podía quedar exenta.

A lo que voy, respecto a lo de Wired es que la ciencia ficción siempre fue social. Las buenas historias del género se destacan por mostrar las bondades, o no tanto, de las sociedades imaginadas por el autor, con sus avances (o retrocesos) de todo tipo: tecnológicos, filosóficos, religiosos. Una novedad tecnológica se muestra como parte del entorno, sin prestarle demasiada atención, como un medio para contar la historia, que por lo general trata sobre los mismos dilemas que tenemos todos: vida, muerte, amor, poder, dinero…

Pero ya sea cyberpunk, ciencia ficción dura o space opera, hay algo común en todo tipo de ciencia ficción y es el componente sociológico, los mundos distintos o similares al que estamos acostumbrados y cómo se desarrolla la sociedad en ellos, el modo en que las diferencias tecnológicas o ambientales influyen y obligan a adaptarse a los individuos, expuestos de manera natural. Por ejemplo, a nadie parece sorprenderle la existencia de robots en las novelas de Asimov, donde estos seres electrónicos son mostrados como parte del paisaje, al igual que ahora lo sería un perro o cualquier otra mascota; o en “La Luna es una cruel amante” de Heinlein, donde los habitantes del satélite están tan acostumbrados a vivir con baja gravedad que necesitan una preparación especial para poder visitar la Tierra sin romperse todos los huesos.

Actualmente, la ciencia ficción está llena de nuevas historias que remiten a la edad de oro por el componente imaginativo, mucho steampunk y un nuevo subgénero conocido como “postcyberpunk” del que no sé mucho pero parece ser la nueva moda.

Culpar al ladrón, otra vez

El otro día, mientras me enteraba lo que le pasó a Mariano, a quien le hicieron un terrible daño con su sitio, borrándole el disco completo de su servidor virtual, lo que casi significó la pérdida de once años de Uberbin.

Afortunadamente, el blog volvió a la vida rápidamente gracias a sus backups y la ayuda de mucha gente que le dio una mano, aunque perdió algunos comentarios y posts.

No faltó quien lo criticara por no tener un backup completo de los datos importantes fuera de ese server, incluso él mismo se dio un tirón de orejas y está bien, hay que ser precavido porque este tipo de cosas pueden pasar, el mundo está lleno de garcas y gente que sólo le interesa joderle la vida a los demás, aún sin que esto le genere provecho alguno.

Lo que a mi me parece es que el respaldo de datos debería haberlo tenido por si el hosting falla, por si necesita migrar rápidamente y de última por si alguien se le antoja cagarle el sitio.

Y es que uno no puede estar llenándose de cerrojos y gastando recursos en protegerse de la mala voluntad de los demás.

Es como en los noticieros, cuando pasan la noticia de un asalto con víctimas fatales o heridos, nunca falta aquel que diga “y bué, el tipo se resistió al asalto” como si fuese un justificativo de la mala acción del delincuente. Eso esta mal. No es posible vivir sometidos a la voluntad del delincuente o garca de turno, atajándose por si pasa algo mientras ellos se mueven a sus anchas sabiéndose impunes.

Desde hace un tiempo, circula en Internet, más precisamente en Facebook, una campaña sobre la violencia de género que dice “vivimos en una sociedad que enseña a las mujeres a no ser violadas en vez de enseñar a los hombres a no violar”, que más o menos está en sintonía con lo demás.

Creo que es tiempo de enseñar a los niños a ser buenas personas, que tomen sus recaudos pero que vivan sin miedo, que si todos somos buena gente no habrá por qué temer.

Y por supuesto, las buenas acciones y el ejemplo hay que darlo en casa, desde chicos.

Diversidad

Cada vez nos sorprende menos, con los días los casos se suceden con mayor frecuencia y hasta los más conservadores deberán admitir, de una vez por todas, que los tiempos han cambiado. Lo que hace años se ocultaba hoy se grita y luce con orgullo, y aquello que se marginaba hasta hace poco, ahora se iguala, o intenta, con respecto al resto.

Porque la homosexualidad no es una enfermedad, como algunos piensan y quieren que el resto también lo crea, tampoco es una desviación de la conducta, lo “normal” es apenas una percepción cimentada por el número que da la mayoría, es como decir que lo normal es ser católico y todos aquellos que no comulgamos con sus creencias estamos enfermos.

La sexualidad, tanto como la religión, política, y las preferencias artísticas o laborales, es una cuestión de elección personal, una decisión que puede ser única o variar a lo largo de la vida, del mismo modo en que la gran mayoría de los ateos fuimos creyentes alguna vez o muchos de los representantes de un partido político militaron en otro bando. Y está bien, el cambio es inherente a la condición humana aunque nos cueste aceptarlo, y cambiar de opinión en cualquier ámbito es algo bastante común, pobre de aquel que no pueda, ni quiera, modificar su forma de pensar aún cuando la evidencia le demuestre que está equivocado, eso se llama fanatismo y es muy peligroso, ejemplos hay de sobra.

No sé como tomaría que alguno de mis hijos prefiera como pareja a alguien de su mismo sexo, no es lo que espero de ellos, como tampoco me gustaría que me salgan hinchas de Boca o Ford, pero lo que seguro no haría es reprenderlos por su elección, que es personal, porque no es esa la formación ni el trato que recibí de chico. Por ejemplo, cuando le plantee a mi mamá, muy religiosa (católica pero mal), que no podía tragarme la pildora del cristianismo y su mitología, seguramente a ella no le gustó para nada mi posición respecto a la religión, pero no por eso me cerró la puerta de su casa o se avergonzó de mi.

Yo creo que hay que ser muy valiente para asumir y aceptarse diferente en una sociedad que aún no está lo suficientemente madura ni abierta para dejar que cada cual haga tome sus decisiones. No se es más o menos hombre porque te gusten las minas o los tipos, es más hombre quien tiene el coraje suficiente de plantarse frente al resto y mostrarse tal cual es.

Como decía más arriba, la sociedad argentina aún no está preparada para aceptarnos a todos, pero afortunadamente estamos madurando.