De feriados y descanso de fin de semana

Los feriados tienen esa cosa extraña, un sabor agridulce por así decirlo.

Cuando se acerca un día no laborable, la ansiedad hace que las jornadas previas sean eternas, por el contrario, el fin de semana y feriado pasan volando. Y ni hablar de la semana corta que queda luego de, por ejemplo, un lunes feriado.

Esto se debe a diversos factores que he estudiado detenidamente a lo largo de mis veinte años de educación formal y dieciocho de actividad laboral.

  • Como decía Piscitelli en alguna charla, algo mal estamos haciendo si esperamos siempre el fin de semana, los días sin trabajo para desarrollar precisamente aquello que nos gratifica. Y no es solo al hecho de que te guste o no tu trabajo (a mi me encanta) sino que sepamos disfrutar de las obligaciones, para sentirlas más palacenteras y menos como una carga. Por ejemplo: llevar los chicos al colegio, el trabajo propio, cocinar, las compras, el cuidado de la casa, son cosas que hacemos de lunes a viernes y no siempre disfrutamos por andar a las corridas, pensando en lo que nos toca después.
  • Esta necesidad de contar con tiempo para lo placentero, es lo que nos llena de ansiedad, logrando que vivamos pendientes del reloj. Todo es una constante cuenta regresiva “faltan dos días para el viernes”, “una hora más y me voy a casa”, “cinco minutos más”; esto es frustrante porque si miramos el pasar del tiempo a cada instante, este parece no avanzar y uno termina en un ciclo de ansiedad-frustración improductivo y estresante.
  • Llegados los días de descanso, lo que menos hacemos es descansar. Nos cargamos tanto de actividades que no hicimos durante la semana, que al final queremos cumplir con todas en dos días: salir con amigos, pasear con la familia, practicar deporte, ir al cine, pasear al perro, dormir una siesta eterna. Un pequeño consejo: no privarse de estas cosas durante la semana laboral, aprovechar los descuentos de lunes a miércoles en el cine, mandarse a un after hour de vez en cuando, anotarse en un gimnasio y asistir una hora dos o tres veces por semana. No es tan complicado encontrar el momento durante los días laborales y esto hará que el fin de semana se disfrute más, ya sea descansando o con actividades planificadas. Ojo, por ahí el finde pasa rápido porque la diversión estuvo buena y dan ganas de seguirla.
  • Pasado el fin de semana y/o feriado, los días que restan para el próximo descanso parecen más largos y eso por dos razones. La primera mencionada al principio y tiene que ver con la ansiedad, y la segunda por la falta de descanso y la sensación de haber desperdiciado el tiempo durante el fin de semana.

Por eso, nada mejor que llevar una vida organizada, sin estructuras rígidas e inamovibles, tratando de darse el tiempo necesario para lo divertido y gratificante. Distribuir los buenos momentos ayudan a que la semana sea pareja y no una montaña rusa de tedio y sobrecarga de actividades.

Links de lunes

Llegó el lunes nuevamente y con él la alegría de volver a las actividades.

Ok, quizás para algunos no sea algo muy feliz pero para mi…tampoco.

Lo que siempre me gusta de los lunes es poder tirarles un par de enlaces por la cabeza.

  • Arsenal indispensable para la guerra de oficina. Algún día conseguiré mi base lanzadora de misiles.

Posts recomendados:

[Infografía] Google y Facebook a los ojos de sus empleados

Dicen que trabajar en las empresas monstruos de Internet es una linda experiencia.

A menudo se muestran fotos y videos del buen clima laboral que se respira en las oficinas de sitios como Google y Facebook, pero veamos algunos datos sobre los beneficios de trabajar para esos gigantes y cómo se sienten sus empleados.

Fuente: TIC beat.

Google vs. Facebook

Trabajo, salario y grado de satisfacción

Esta infografía nos muestra el grado de satisfacción que existe entre los trabajadores de diversas profesiones, el salario percibido y hasta nos sugiere cuándo debemos pedir un aumento.

Contrario a lo que algunos podríamos esperar, quienes más cobran no son necesariamente los que mejor se sienten con su trabajo.

Link: Lifehacker – The Salary science infographic…

Clic para ampliar

Co workers

El trabajo en oficina es algo así como un matrimonio poligámico, sin sexo, pero con todo lo demás: discusiones, compromiso, trabajo en equipo, objetivos en común, en fin, convivencia.

Porque no es fácil pasar ocho horas promedio con la misma gente durante cinco días a la semana, en su hogar cada uno comparte menos tiempo con su familia, salvo los fines de semana, y la convivencia tiene sus matices. Entre los hijos y la pareja siempre aparecen roces (o choques) por cuestiones naturales de carácter, igual que en una oficina.

Al igual que en una familia, en el trabajo cada uno tiene (o debe tener) su rol bien definido para evitar entrometerse en las tareas ajenas o dejar colgados al resto, sin que ello suponga que la ausencia de un empleado signifique la paralización de su área, siempre tiene que haber alguien que pueda hacerse cargo ante alguna eventualidad, como por ejemplo, los padres estamos preparados para hacernos cargo de la cocina cuando nuestra esposa no puede cocinar: llamamos al delivery.

Lo cierto es que la convivencia con la gente del trabajo tiene algunas cosas buenas que vale la pena rescatar:

  • After office: son lo mejor. Nada como conocer a tus compañeros en situación de comida-bebida-joda para darte cuenta que no somos solo el ente que trabaja.
  • Comunidad y sentimiento de pertenencia: cuando llevás un tiempo trabajando con la misma gente y en el mismo lugar, se te va impregnando la camiseta de la empresa, a algunos les pasa antes, a otros después, pero a nadie le gusta que le digan “esos de (empresa aquí) son todos unos inútiles”.
  • Amistad: no siempre ocurre, pero es probable que uno termine haciéndose amigo de sus compañeros de trabajo, no de todos, pero sí de un par de ellos.
  • Aprendizaje: siempre aprendemos de nuestros compañeros. Si somos nuevos, alguien nos enseña; si somos de los más antiguos, los nuevos nos muestran otra visión de nuestra actividad. Trabajando en equipo aprendemos continuamente de los demás.
  • Negociación: nuestra capacidad de negociar se desarrolla relacionándonos con los demás, aprendemos a tomar y resignar de acuerdo a cada situación, aceptamos los errores y las críticas y logramos que los demás reconozcan su parte, teniendo en claro el objetivo en común.

Y no existe nada como compartir un café, a cualquier hora, con los compañeros de la oficina mientras hablamos mal de los jefes. Eso si, que nadie use mi taza porque se arma.

Regreso a la oficina

Hay cosas que nunca cambian, que siempre serán iguales, por ejemplo, el regreso al trabajo luego de las vacaciones: siempre es un caos.

Entre la mala onda propia por tener que volver y la desidia de los que estaban esperando para irse, es todo un despelote.

LaburoVolver al trabajo significa retomar el ritmo, reacostumbrarse a los pequeños o grandes problemas diarios, priorizar tareas, organizar el tiempo, etc. lo que de por sí ya nos cuesta bastante luego de los poquitos días de vacaciones, se hace aún más complejo si durante nuestra ausencia, por la razón que sea, hubo que modificar alguna cosa.

Entonces ahí debemos ponernos al tanto de las novedades como podamos porque quien estaba cuando se hizo el cambio regresa en dos semanas (o más), y no corresponde molestarlo durante su licencia para consultarle, porque a uno mismo no le gusta que lo llamen del trabajo cuando está de vacaciones. Y ahí vamos, a los ponchazos tratando de entender qué fue lo que se hizo, cómo y por qué, hasta que le agarramos la mano. Pero claro, mientras estamos aprendiendo lo nuevo, lo viejo tiende a alertarnos, como que los procesos anteriores se ponen celosos y demandan atención, algo así como los hijos cuando llega un nuevo hermanito a casa (de eso sé bastante).

Así es que los primeros días, luego de las vacaciones, son una factoría de estrés, de un lado para el otro, tratando de ponerse al día, consultando, arreglando los errores propios y ajenos, a los pedos, como decimos en el barrio.

Es lo malo de salir primero de vacaciones, al volver se está solo con cosas nuevas y viejas, todo junto; en cambio cuando se sale en la segunda tanda, mientras los compañeros están de licencia la cosa sigue más o menos como siempre, con más tareas, claro, y luego al salir de vacaciones y volver, ya están todos y se puede poner al día más fácil, sin molestar ni tener que deducir los cambios.

Lo bueno es que dos semanas pasan rápido, al menos las dos anteriores se me fueron volando.

Mi primer trabajo

Paseando por lo de Abby, llegué al blog “Mi medio alquiler” donde en un post los autores hablan sobre el trabajo y cuentan cuál fue su primer empleo, en blanco, el primer sueldo y en qué lo gastaron, invitando a los lectores a contar su experiencia.

Algo conté ahí, pero para no extenderme comentando en un blog ajeno, mejor lo cuento acá.

Mi primer trabajo formal, en blanco y como corresponde lo obtuve a la edad de 18 años, algunos meses luego de salir de la secundaria y mientras empezaba a estudiar informática en un instituto privado (hice un año y luego me pasé a la universidad). El laburo en sí era de empleado administrativo en una oficina pública donde yo era uno de los que se encargaba de hacer notas, resoluciones, decretos, etc., todo en máquina de escribir (!) hasta que compraron una pc y ahí los demás se desentendieron del laburo aduciendo que no sabían usar la computadora (difícil si nunca agarrás un teclado).

La verdad que era un trabajo aburrido, sin ningún tipo de proyección, pero que me dejaba mucho tiempo libre para poder estudiar en la oficina o incluso leer ciencia ficción 🙂 Estuve como nueve años en esa oficina, aprendiendo mucho sobre la administración pública, reglamentaciones y redacción administrativa, hasta que me surgió la posibilidad de cambiarme hacia otra área, dentro del ámbito público, que estaba a cargo de los recursos informáticos del estado.

Ni lo dudé y me cambié al toque, aunque todavía conservo mi cargo que es el que me permite trabajar donde estoy, siempre dependiendo del estado, aunque lejos estoy de la máquina de escribir, los expedientes y la fotocopiadora.

El primer sueldo que cobré en esa época fue de más o menos $360, muy poco dirán, pero para un pibe de 18 que vivía con su madre y cuyo único gasto era el arancel de la universidad y los apuntes, estaba más que bien. Creo que lo gasté en ropa, cds, y salidas a bailar con mis amigotes 🙂

Ahora cuenten ustedes, les reitero la pregunta formulada originalmente y que intenté contestar en el post: ¿cuál fue tu primer trabajo, cuánto cobraste y en qué gastaste el primer sueldo?