Es solo una semana

Desde que estamos juntos, hace casi veinte años, Inés y yo pasamos por muchas, de todas las que se puedan imaginar, cosas que van sucediendo con el tiempo.

Ambos tenemos más tiempo de vida juntos que separados, y desde que nos casamos nunca estuvimos alejados más de tres días completos. En mis viajes de pura joda a Córdoba, Rosario o Buenos Aires, nunca me demoré más que eso y cuando del laburo me mandan al interior, vuelvo a lo sumo al día siguiente.

Y es que extraño a mi familia.

Puedo estar pasándola de maravillas, pero en cualquier momento de tranquilidad pienso en mis niños y mi esposa, en lo que estarán haciendo sin mi, cómo se las arreglarán, si les alcanzará la plata, si Inés podrá controlar a los tres críos, cómo habrá hecho para llevarlos a la escuela y cosas así. Es hermoso viajar y conocer gente y lugares, pero lo mejor del viaje es el regreso a casa con las nuevas experiencias y recuerdos al hombro, y aunque esté en el mejor de los sitios, there’s no place like 127.0.0.1 😀

Pero ahora, que quien se va de viaje es ella y ahí mi mundo se desploma. No sé manejar la casa, es imposible estar atento a todos y cada uno de los detalles del hogar, desde la ropa de la escuela de los chicos hasta la comida, atendiendo a la enana, haciendo las compras, limpiando los muebles y demás quehaceres domésticos. Es imposible. Y si a eso le sumamos mi laburo full time, creo que me muero de estrés.

Por suerte, la niñera va a la tarde y se encarga de los chicos hasta que yo salgo del trabajo y mi cuñada también me da una mano, pero me da pena tener a los niños sin mamá ni papá durante la mayor parte del día, ya que a mi me ven más que nada a la hora de comer y un rato a la siesta (cuando no duermen o duermo).

Pero no sería justo negarle o complicarle el viaje de capacitación a Inés, ella se lo merece. Terminó su carrera con un hijo en los brazos, saliendo de clases para darle la teta y estudiando hasta la madrugada porque el niño le demandaba atención durante todo el día. Luego laburó por migajas durante años hasta que pudo encontrar un lugar donde la valoren como profesional y como persona.

Así que la capacitación se la ganó por su entrega a su carrera y el descanso de las tareas domésticas también, luego de de nueve años de ama de casa y mamá de cuatro tres niños, una semana de estudio y paseo no es tanto.

Aunque a mi me parece una década. Recién pasó una noche y no sé como voy a aguantar hasta que vuelva.

 

Sobre las vacaciones

Bueno, volví, ya no me extrañen.

Sí, regresamos de las vacaciones en Con Cón, Reñaca, Viña del Mar (quinta región, Chile) con muchísimos y hermosos recuerdos, ganas de volver y cansancio como para hacer dulce luego de varias horas al volante.

Obviamente, aparte de las fotos y filmaciones, me traje un montón de anécdotas, reflexiones y conclusiones, como cada vez que me toca viajar (que no es tanto como me gustaría).

  • La playa sigue tirándome. Será que nací prácticamente en el mar o que tengo pocas oportunidades de visitar la costa, pero cada vez que veo el mar me emociono hasta las lágrimas.
  • Viña es como Mardel, Reñaca como Gesell y Con Cón como Villa Giardino con playa 🙂
  • El viaje de regreso es más rápido que el de ida, pero parece más largo. Debe ser porque la vuelta no es tan deseada.
  • La desconexión total son los padres (?)
  • No existe la fórmula infalible para el armado de equipaje.
  • La gastronomía chilena es muy rica, tanto en variedad como en sabor.
  • En ambos países se habla español, lo cual no significa que nos entendamos completamente.
  • Los niños indefectiblemente van a pelearse y molestar durante todo el viaje. Es algo que hay que soportar porque cuando crecen un poquito, lo último que desean es irse de vacaciones con la familia.
  • ¿Se acuerdan que les contaba que en Mendoza la gente maneja muy bien? Bueno, en Chile nos pasan el trapo a todos, son los mejores conductores que conozco: respetan todas las reglas pero posta, son muy amables y considerados con los demás. Era muy fácil reconocer a los argentinos al volante, aún sin mirar la patente del vehículo.
  • El GPS es el mejor invento luego de la rueda y el sexo grupal, aunque le quita algo de emoción a los viajes (es la primera vez que no nos perdemos por el camino).
  • No tener reserva para dormir, aunque sólo sea por una noche, es un tanto suicida. De pedo conseguimos alojamiento en Mendoza durante el viaje de regreso.
  • Viajar con otra familia fue una muy buena idea, la (excelente) compañía de conocidos es algo impagable, tanto que ya estamos pensando en el próximo destino.

Anecdotario, parte I

El viaje de ida fue más lento que el de vuelta porque estábamos descubriendo nuevos caminos y paisajes. Todo iba sin novedades hasta que se terminó la autopista, en la localidad cordobesa de Ballesteros, a partir de ahí seguimos por una ruta cargada de camiones hasta Belle Ville donde nos perdimos y tuvimos que pedir indicaciones a un lugareño y a Eusebio vía celular.

Saliendo de Belle Ville debíamos continuar hacia Justiniano Posse, pero en un cruce no sabíamos para donde agarrar (los carteles de la ruta brillaban por su ausencia) así que nos tiramos hacia un costado para preguntarle a un viejito que estaba parado a la orilla de la ruta:

-Jefe, para ir a Posse…?

-Van para Posse?

-Sí…

Al toque se mandó hacia la puerta trasera y se subió al auto. El tipo también iba hacia ahí y estaba haciendo dedo.

En el auto tratamos de darle conversación y le preguntábamos sobre las distancias hacia las otras localidades (queríamos llegar a Baldisera para buscar a Eusebio). El chabón nos respondía cosas como “sí, desde Posse hasta Baldisera tienen como 5 leguas, de ahí a Inriville habrá unas 4 o 5 leguas más…

Yo miraba el cuenta kilómetros del auto para tratar de calcular, pero la gente de GM no incluye una escala en leguas, apenas millas y km., de reojo veía a Fredy que hacía fuerza para no reirse, tal vez acordándose como yo de un capítulo de Los Simpsons donde Bart y sus amigos salen de viaje en auto y levantan a un vago que estaba en la ruta.

Así y todo, luego de dejar al hombrecito en una estación de servicio de Posse, donde tenía su bicicleta (?), seguimos hasta Baldisera, donde llegamos sin volver a perdernos, a pesar de la falta de indicaciones en la ruta (gracias Vialidad Nacional, es muy lindo manejar a ciegas). El GPS del celular no lo usaba porque venía manejando y no daba pararse a la orilla en medio del campo y demorarse más aún. Ahí nos estaba esperando Eusebio y toda su familia con un montón de empanadas, postres y hospitalidad.

Lamentablemente no pudimos quedarnos mucho tiempo luego de garronear almorzar porque todavía nos quedaban algo así como tres horas de viaje hasta Rosario.

Chetadas

Así como la semana pasada hice una lista de mersadas, hoy me tiro hacia el otro extremo y enumero algunas chetadas:

  • Usar chalina de hilo en color claro…siendo hombre.
  • Verse bronceado/a en invierno-otoño.
  • Hacer viajes sin que sean las vacaciones (exceptuando los relacionados con el trabajo).
  • Saber esquiar y/o jugar al polo.
  • Hablar en spanglish y pronunciando las consonantes lo menos posible.
  • Escandalizarse por una mancha en la ropa o un mal olor en la calle.
  • Comprar ropa, aún cuando no sea necesaria. Por ejemplo, zapatos para combinar con la nueva remera que hace juego con el pantalón adquirido ayer, y que será descartado en menos de un mes.
  • Conocer una sola persona de nombre María: la mucama o niñera. Ni pensar de alguien con ese nombre en la familia.
  • Tener más apellidos que nombres.
  • No haber comido jamás un choripán en la calle o un pancho con todo a la salida del boliche.
  • Desconocer el sabor del Fernet (así con mayúsculas).
  • Comprar todo en el shopping, hasta los productos de higiene personal.
  • Tener un perro que cabe en la cartera, y llevarlo ahí.
  • Que el perro tenga peluquero, paseador y sólo coma alimento balanceado.

Como siempre, el listado es subjetivo, o sea, lo que a mi me parece.